La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Los nuevos ateos oficiales

El movimiento de los denominados “nuevos ateos” tiene sus profetas, sus conseguidores y también sus publicistas. Uno de ellos, destacado por su capacidad de utilizar los recursos de la opinión pública y por financiar campañas internacionales en pro del ateísmo organizado, es el biólogo británico Richard Dawkins, que durante estos días está de gira en España.

Con un cientifismo bastante arcaico Dawkins lanza eslóganes rotundos pero escasamente racionales contra la búsqueda de Dios y la fe, que han movido y cimentado todas las culturas de la historia. Más que sobre los resultados de la ciencia más puntera, las afirmaciones de Dawkins se basan en presupuestos ideológicos teñidos de pinceladas seudo-científicas.

La pretensión de estos denominados “nuevos ateos” no es la verdadera apertura científica de investigar las leyes del universo y asomarse a las grandes preguntas sobre su origen y su sentido. Su empeño es más bien el de acallar esa voz interior que clama por un significado y una respuesta total a la exigencia de la razón y del corazón humanos.

Quienes hacen difícil hoy el diálogo entre religión y modernidad no son quienes confiesan con humildad y certeza a Dios y la dignidad inviolable del hombre, sino los que están empeñados en marginar, ridiculizar y extinguir esa voz que indica lo más profundo del ser humano. Torres más altas que Dawkins lo han intentado.