La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La estrategia del 15-M

Manifestaciones de gente indignada las ha habido en toda España desde hace años. Cientos de miles de personas han copado las calles en diversas ocasiones para protestar contra la llamada ley del “matrimonio homosexual”, contra la “Educación para la Ciudadanía”, contra la negociación con ETA, y de manera muy espectacular, contra la ley del aborto. En ningún caso el Gobierno o los diputados socialistas se han dignado insinuar siquiera que sería conveniente escuchar la voz de la calle. Ahora, cuando otro tipo de indignados ocupa las plazas públicas para rechazar los recortes al “Estado del bienestar” mientras la gravísima situación económica está exigiendo a gritos un “Estado de la austeridad”, el Gobierno se enternece y piensa ya en cómo atender las exigencias del movimiento del 15-M.

El Gobierno de Zapatero, después del varapalo recibido en las urnas el pasado 22 de mayo, debería haber dado paso a la auténtica voz del pueblo que se manifiesta en las urnas. Si no lo hace es porque, en su agonía, piensa que todavía la queda alguna carta en la manga. Y una de ellas puede ser el crecimiento de la movilización callejera para suscitar la confusión en el electorado sobre una alternativa de centro-derecha. Sería curioso que al final este movimiento de “indignados”, al que se ha sumado mucha gente de buena fe, se convirtiera en una estrategia para respaldar al PSOE ante una nueva debacle en las urnas, y para marcar el terreno a un futuro gobierno del PP, que deberá afrontar duras reformas.