La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Menos indignación, más empeño

El movimiento que se autodenomina de los indignados celebró ayer en varias ciudades españoles diversas concentraciones. A lo largo de las dos legislaturas de Zapatero mucha gente ha salido a la calle para protestar por la política del Gobierno. Por la política antiterrorista, la política económica y la política social y educativa. Las concentraciones de ayer no ha sido de las más numerosas que se han producido en los siete últimos años. En cualquier caso es muy positivo que no hayan sido violentas y que no se hayan transformado, como sucedió en el Parlamento de Cataluña, en una forma de coacción para las instituciones legítimas. Es lógico que un país con casi cinco millones de parados, en el que hay poca esperanza de que las cosas cambien a corto plazo,  aumente el descontento. Y con ese descontento hay que hacer las cuentas. Pero otra cosa bien diferente es que sea útil y constructivo que se exprese como una descalificación genérica del euro, los bancos, los políticos y las instituciones democráticas. El euro ha sido y sigue siendo para España una oportunidad de modernización. Las reformas que hay que hacer son necesarias con moneda única o sin ella. El sistema del bienestar no se sostiene por sí mismo y hace falta empezar a asumir ciertas responsabilidades que hasta el momento no habíamos asumido. Es cierto que a muchos políticos les ha faltado altura de miras para expresar esto con claridad. Pero eso no significa que nuestra democracia no funcione. Necesitamos más política, de la buena. Y más empeño de todos,  no demagogia.