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REAPERTURA DEL TEMPLO

El arzobispo de Madrid señala que «no se puede separar la Eucaristía de la evangelización de la cultura y la trasmisión del Evangelio de la caridad cristiana»

 El Cardenal-Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió ayer una Misa de acción de gracias en la parroquia de San Jerónimo el Real con motivo de la reinauguración del templo después de las obras de rehabilitación. En su homilía, el Cardenal recordó que tras la restauración «se nos invita a vivir con fe».

Haciendo un repaso por la historia de la iglesia, señaló que nace en el Renacimiento español, antes del reinado de los Reyes Católicos,  y «comienza su historia en otro lugar distinto al que está ahora situada, cerca del río Manzanares, paso célebre que tiene que ver con la vida cortesana y contemplativa del rey Enrique IV, que le confía la iglesia de nueva planta a la orden jerónima y la convierte en monasterio». «En él, relató, la comunidad de monjas recibe el encargo de la oración por los difuntos de la casa del rey, por el reino y por el rey». Sin embargo, prosiguió, los Reyes Católicos dieron un giro a esta iniciativa y trasladaron el monasterio al lugar donde se encuentra actualmente, «más salubre para los monjes y con mayores posibilidades en la relación con la Corte». «Aquí nace la historia verdadera, ininterrumpida que nos lleva hasta hoy, hasta este día en que entregamos de nuevo al Sr. su Iglesia restaurada para la alabanza, la oración y la acción de gracias», dijo.

A su juicio, «en paralelismo a la historia del Real Monasterio de San Jerónimo el Real se encuentra la historia de la monarquía española y, de algún modo, la historia de España. En ese aspecto de entrelazamiento de la historia espiritual y del alma de España y de la institución más significativa y más decisiva. Es inseparable del recuerdo en el que se envuelve este templo del pasado histórico de España, marcado por la fe y la tradición católica que todas las generaciones –los hijos e hijas de España- en cualquiera de los reinos que la han constituido hasta muy entrada la época moderna».

También recordó la invasión francesa en el siglo XIX y la desamortización, pero «en 1854, el rey consorte don Francisco y la reina doña  Isabel quieren restaurar, arreglar lo causado por la devastación y, por fuera, le dan ese perfil que hoy conocemos y, por dentro, la renuevan». «La Iglesia no volvía a ser monasterio pero volvía a ser Iglesia», manifestó.

Destacó además que Reinando Alfonso XII, se entrega el patrimonio real a la Diócesis. «Desde entonces esta iglesia va unida estrechamente a la vida diocesana y parroquial de Madrid, una historia que se explica sola porque hubo fe en todas nuestras generaciones pasadas que formaron la iglesia, formaron de algún modo, Madrid».

Para el Cardenal, «han pasado épocas políticas, historias, personas decisivas en la historia de España, ha sobrevenido la desgracia, guerras, tragedias, dramas… Y la Iglesia sigue aquí. Damos gracias al Señor por ello, sobre todo, porque de algún modo, renace un capítulo de historia pastoral, espiritual, histórico-artística singular. La restauración es magnífica, con nuevas aportaciones que son mostradas en esta iglesia». Y es que la desamortización no solo provocó la desaparición física de los monjes y monjas de los monasterios de España sino también una especie de huída cultural y de expropiación de los bienes histórico-artísticos de los monasterios, que entonces vivían florecientes en España. Nuestro próximo y estimadísimo Museo del Prado en una gran medida se ha alimentado y alimenta de un fondo que viene de los monasterios de España y de la capital.

 Refiriéndose al Museo del Prado, afirmó que «la cultura es un vehículo excepcional  para poder llevar la fe al mundo, a las personas, a la sociedad y a las nuevas generaciones. El lenguaje de la fe no es sólo un lenguaje intelectual sino también artístico, plástico, musical… Ese lenguaje cuando es comprendido, transmitido y propagado, se convierte en un instrumento de fantástica evangelización». Y consideró que, quizá, le toca a esta iglesia en Madrid jugar un papel importante, pastoralmente hablando, en los próximos años, en relación con esa actividad tan necesaria para la vida de Madrid, la vida de España y de Europa, y poder vivir de nuevo la gracia de Cristo y el amor de Cristo».

Según explicó, no se puede separar «la eucaristía de la evangelización de la cultura y la trasmisión del Evangelio de la caridad cristiana».

Concluyó confiando a la Virgen «el nuevo capítulo de la historia de esta iglesia para nuevos tiempos con fidelidad en los orígenes y al curso histórico que la ha marcado siempre por la fe» y que el  fruto de la nueva iglesia restaurada «sea mucho».