La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Una conciencia inconsciente

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho

El reciente viaje de Benedicto XVI a Croacia ha sido prolífico en frutos espirituales. Aunque era de esperar que el gran teólogo que hay en el Santo Padre se manifestara, lo ha hecho en una medida muy importante.

 

Tenía, el Santo Padre, que zarandear muchos espíritus acomodados que hay en el mundo, también católico, y vencer, con eso, la tendencia que existe de olvidarse de la fe que tenemos o, en general, que se tiene.

 

En el discurso que pronunció en la tarde del 4 de junio, sábado, ante destacadas personalidades de la sociedad civil, política, académica, cultural y empresarial así como ante el cuerpo diplomático y líderes de otras religiones planteó la siguiente situación:

 

“Si la conciencia, según el pensamiento moderno más en boga, se reduce al ámbito de lo subjetivo, al que se relegan la religión y la moral, la crisis de occidente no tiene remedio y Europa está destinada a la involución”.

 

Es bien cierto, según entiende al Papa y según puede observarse y verse en Europa, que el subjetivismo y, con él, el relativismo, se han adueñado del corazón de muchas personas. Como no podía ser menos, también ha anidado en católicos que han dejado de tener una vida religiosa, digamos, fructífera: se ha relegado la religión y, con ella, lo que de moral hay en su doctrina. Así es casi imposible que la situación por la que pasa Europa se solucione porque, por desgracia, no es sólo económico sino, sobre todo, de conciencia o mejor, de falta de ella, el factor que lastra todo lo relacionado con el hombre europeo y su realidad más directa.

 

Pero el Santo Padre no se limitó a decir lo que de negativo puede haber sino que también planteó cómo solucionar tal situación diciendo lo siguiente:

 

“En cambio, si la conciencia vuelve a descubrirse como lugar de escucha de la verdad y del bien, lugar de la responsabilidad ante Dios y los hermanos en humanidad, que es la fuerza contra cualquier dictadura, entonces hay esperanza de futuro”.

 

Por lo tanto, ante al subjetivismo imperante se puede, si se quiere y hay comprensión de lo que pasa, escuchar la verdad, escuchar el bien, manifestar una responsabilidad de lo que se hace ante el Creador y, también, ante el resto de humanidad con la que compartimos filiación divina.

 

Bien podemos decir, entonces, que no es que no tengamos solución alguna ante la deriva que ha tomado el comportamiento de muchos europeos y, entre ellos, de católicos. La tenemos pero no podemos obviarla.

 

Por eso,  abundando en el mismo tema, dijo:

 

“Volvamos, por tanto, a la conciencia como clave para el desarrollo cultural y la construcción del bien común. En la formación de las conciencias, la Iglesia ofrece a la sociedad su contribución más singular y valiosa. Una contribución que comienza en la familia y que encuentra un apoyo importante en la parroquia, donde niños y adolescentes, y también los jóvenes, aprenden a profundizar en la Sagrada Escritura, que es el «gran código» de la cultura europea; y aprenden al mismo tiempo el sentido de la comunidad fundada en el don, no en el interés económico o en la ideología, sino en el amor, que es ‘la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad’ (Caritas in veritate, 1). Esta lógica de la gratuidad, aprendida en la infancia y la adolescencia, se vive después en otros ámbitos, en el juego y el deporte, en las relaciones interpersonales, en el arte, en el servicio voluntario a los pobres y los que sufren, y una vez asimilada se puede manifestar en los ámbitos más complejos de la política y la economía, trabajando por una polis que sea acogedora y hospitalaria y al mismo tiempo no vacía, no falsamente neutra, sino rica de contenidos humanos, con una fuerte dimensión ética. Aquí es donde los fieles laicos están llamados a aprovechar generosamente su formación, guiados por los principios de la Doctrina social de la Iglesia, en favor de una laicidad auténtica, de la justicia social, la defensa de la vida y la familia, la libertad religiosa y de educación”.

 

Volver a la conciencia…

 

La Iglesia católica aporta  mucho a la formación de las conciencias…

 

Espíritu de gratuidad (“lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”)…

 

Aportación de los fieles laicos…

 

Defensa de temas como la justicia social, la familia, la vida, la libertad religiosa o de educación…

 

No apuntó, precisamente, poco, Benedicto XVI ante aquellas ilustres personas pero, también y sobre todo, ante todo creyente que quiera de dejar de ser uno que lo es poco consciente de lo que supone ser discípulo de Cristo.