La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
A LA ESPERA DEL DECRETO DE HEROICIDAD DE SUS VIRTUDES

La Madre General de las Oblatas destaca de José Mª Gª Lahiguera “su humildad, su sencillez espiritual, su tierno amor a la Virgen y su obsesión por la santidad”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió ayer una solemne celebración de la Eucaristía en el Claustro del Monasterio de las HH. Oblatas de Cristo Sacerdote con motivo de la festividad de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Jornada de Santificación Sacerdotal. Con este motivo, hablamos con la Madre Pilar, General de las Oblatas, sobre la figura de su fundador, gran impulsor de esta festividad: D. José Mª Gª Lahiguera. Su proceso está a la espera de la emisión del decreto de heroicidad de sus virtudes para que se le pueda considerar públicamente como venerable. 

-¿Quién fue José María García Lahiguera?
En el momento de su fallecimiento en Madrid (14 de julio de 1989), era el arzobispo emérito de Valencia (1969-1978). Anteriormente había ocupado la sede de Huelva (1964-1969), y había sido obispo auxiliar de Mons. Eijo y Garay en Madrid (1950-1964). Él se sentía y quería ser llamado el “sacerdote de los sacerdotes”, y toda su vida y ministerio, tanto sacerdotal como episcopal, estuvo centrado en el amor a Cristo Sacerdote, su sacerdocio santo, y la santidad de los sacerdotes de Cristo que participan de su mismo sacerdocio.

-¿Qué aporta su figura a la sociedad actual?


Su gran amor al sacerdocio y a los sacerdotes nos hace valorar más su vida y ministerio y, al mismo tiempo, tomar conciencia de la necesidad de orar y sacrificarse por ellos en una sociedad que muchas veces los ignora, desprecia o rechaza.

-¿Qué destacaría de su espiritualidad?

Su humildad, su sencillez espiritual, su tierno amor a la Virgen y su obsesión por la santidad a través del cumplimiento de la voluntad de Dios en todo momento, con una docilidad suave a todas las inspiraciones del Espíritu Santo

-¿En qué momento está la Causa de canonización de José María García Lahiguera?

Después de entregada la Positio (12 de diciembre de 2009), el voto favorable de los teólogos consultores (1de octubre 2010) y del examen de sus virtudes en la Sesión plenaria de Cardenales (abril 2011), en este momento se está esperando la emisión del decreto de heroicidad de sus virtudes y, por tanto, que se le pueda considerar públicamente como venerable.

Fue y sigue siendo modelo para sacerdotes. ¿Qué resaltaría de su vida?

Su gran amor y su pasión por el sacerdocio, que concreta en una espiritualidad sacerdotal centrada en la contemplación a Cristo Sacerdote y en el ejemplo del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. También subrayaría su reclamo de una santidad como consecuencia lógica de su participación del único sacerdocio de Cristo.

-¿Qué supondría para nuestra diócesis la beatificación de este sacerdote?


Un gran estímulo para todos los sacerdotes, que encontrarían en él un modelo sencillo, cercano y muy humano para vivir su sacerdocio.

P.- Jose María García Lahiguera fue el fundador de las Oblatas…

La fundación de las Oblatas nace también de su amor al sacerdocio y de su gran conocimiento del mundo sacerdotal. Él sabe muy bien que la santidad es principalmente obra de la gracia, y que esta sólo se alcanza con la oración y la entrega. Es para esta cooperación espiritual para lo que nació la Congregación de HH. Oblatas de Cristo Sacerdote

¿Cuál fue su relación con la Fiesta de Jesús, Sumo y Eterno sacerdote, que hoy se celebra?

– Se puede afirmar que él, junto con Madre Mª del Carmen Hidalgo de Caviedes, son los promotores de esta Fiesta, uniéndola a la intención de la santificación sacerdotal. Desde los comienzos de la fundación se trabajó por conseguir su institución. Primero, dentro de la Congregación (1953) como titular de la misma, y después como fiesta para la Iglesia de España (1972) y de todas las diócesis que lo pidieran.

Biografía
El Siervo de Dios D. José María García Lahiguera nació en Fitero (Navarra) el día 9 de marzo de 1903, siendo bautizado tres días después, 12 de marzo, en la parroquia de Santa María la Real, perteneciente en ese momento a la diócesis de Tarazona. Es el segundo de los cuatro hijos que tuvo el matrimonio formado por D. Vicente García Albericio y Dª María Lahiguera Martínez, naturales de Tarazona y Fitero respectivamente.

Desde muy pequeño dio muestras de una gran piedad, y a los 10 años ingresa en el Seminario de Tudela, petición que hizo él mismo a sus padres un año antes de que estos se lo permitiesen.

En 1915, por motivos laborales y económicos, su familia tiene que trasladarse a Madrid. Él continúa sus estudios en el Seminario de esta ciudad, dejando en él una profunda huella por su ejemplaridad, piedad y bondad. En esta etapa estudió música con el P. Iruarrízaga, director del coro y Schola Cantorum del Seminario, quien le nombró su sucesor siendo aún seminarista teólogo. En 1923 ganó la oposición a la plaza de Maestro de Capilla de la Catedral de Sigüenza, plaza que nunca ocupó.

El 29 de mayo de 1926, en la capilla del Seminario Conciliar de Madrid, es ordenado sacerdote por el nuevo Obispo de Madrid, D. Leopoldo Eijo Garay. Al día siguiente, solemnidad de la Santísima Trinidad, celebra su primera Eucaristía, también en la capilla del Seminario. Fue nombrado profesor y prefecto de externos, quedándose por tanto a vivir en el Seminario. También atendía como capellán a las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles (Angélicas).

En este tiempo completó sus estudios, y en 1928 se graduó en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Toledo. La santidad sacerdotal era ya su santa obsesión, y el 8 de diciembre de 1935, fiesta de la Inmaculada, hizo su voto «pro eis».

En 1932 es nombrado director espiritual del Seminario Menor, y en 1933, para poder trabajar legalmente en el campo de la educación cristiana, convalida sus estudios civiles, que había simultaneado con los religiosos, obteniendo el título de maestro nacional en la Escuela Normal de Ávila.

Cuando en julio de 1936 estalla la Guerra Civil española él se encuentra en Madrid, donde permanece hasta el final de la contienda. Puede decirse que fue un “confesor fidei”, ya que fue detenido e interrogado por dos veces, la última de ellas al ser asaltada la embajada de Finlandia, donde se encontraba refugiado, pronunciando las palabras de Jesús “Si me buscáis a mí dejad ir a estos” cuando preguntaron quién era el cura, y salvando la vida milagrosamente. El obispo de la diócesis, D. Leopoldo Eijo y Garay, que se encontraba en zona nacional, le nombra Vicario General de la zona republicana. En este tiempo, la actitud del Siervo de Dios fue extraordinaria, y se dedicó a socorrer y asistir a los sacerdotes y religiosas que se encontraban escondidos o refugiados, y a organizar la asistencia religiosa de muchos fieles que vivían en una verdadera persecución.

Providencialmente conoce a la Sierva de Dios María del Carmen Hidalgo de Caviedes y Gómez, que militaba activamente en el “Socorro blanco”, y la comienza a dirigir espiritualmente. Después de dirigirle unos ejercicios espirituales, el 25 de abril de 1938, se comprometen a fundar una congregación religiosa de vida contemplativa, cuya finalidad será la de orar y sacrificarse por la santidad de los sacerdotes y seminaristas. Es la Congregación de HH. Oblatas de Cristo Sacerdote, erigida de Derecho Pontificio el 24 de enero de 1967.

En 1939, finalizada la guerra, es nombrado director espiritual del Seminario Mayor, cargo en el que permanece hasta 1948, en que se le designa visitador Diocesano de Religiosas. También es nombrado director de la Adoración Nocturna Española, institución a la que siempre perteneció.

El 17 de mayo de 1950 es preconizado, por el papa Pío XII, obispo auxiliar del de Madrid-Alcalá, recibiendo la consagración episcopal el 29 de octubre del mismo año. En este año se celebra por primera vez en la diócesis de Madrid el «Día de la Santificación Sacerdotal” que es organizado por él, y en el que predica con todo su ardor sacerdotal. En 1962 asiste, en representación del Episcopado Español, a la inauguración del monumento a los mártires de Nagasaki, en Japón. También asistió a los Congresos Eucarísticos Internacionales de Río de Janeiro (1955) y Bogotá (1968).

Al fallecer el patriarca D. Leopoldo Eijo y Garay, el 31 de agosto de 1963, es nombrado Vicario Capitular de la sede vacante, y el 7 de octubre de 1964 es nombrado obispo de Huelva. En su nueva diócesis, lo primero que hace es conocer uno a uno a todos sus sacerdotes y dirigirles varias tandas de ejercicios espirituales. Hizo nacer y apoyó incansablemente el «Apostolado del mar», y él mismo, realizó dos viajes (a Dakar y Terranova) junto a los pescadores de Huelva para conocerlos y que le conocieran.

Asiste al Concilio Vaticano II, donde tiene una actuación en la que diserta sobre el tema «Del ministerio y la vida de los presbíteros» el día 25 de octubre de 1965.

En 1968 es elegido presidente de la Junta Episcopal Española para Religiosos y nombrado obispo promotor del Apostolado del Mar. Y el 3 de julio de 1969 es preconizado, por Paulo VI, arzobispo de Valencia, e incluido entre los miembros de la Sagrada Congregación de Religiosos e Institutos Seculares. En 1972 preside, en Valencia, el VIII Congreso Eucarístico Nacional. Solicitó la erección de la Facultad de Teología de Valencia que fue concedida en 1974.

Durante su estancia en Valencia fue aprobada, para España, la fiesta litúrgica de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, cuyos primeros pasos se remontan a 1950.

El ritmo de vida que se impuso a lo largo de sus años de obispo acabó con su fortaleza física. En noviembre de 1973 emprende la visita pastoral a sus sacerdotes de Latinoamérica, donde sufre una fuerte subida de tensión arterial, y el 14 de febrero de 1974 tiene un accidente cerebro-vascular, después de un disgusto en la audiencia de la mañana, quedando su salud limitada, aunque pudo recuperar el movimiento del lado derecho y el habla, que perdió en un primer momento. Continuó con gran esfuerzo y entrega en el desempeño de su cargo, hasta que en 1978 es aceptada su dimisión. En septiembre de ese mismo año se traslada a Madrid, a la Casa Madre de sus hijas, las Oblatas de Cristo Sacerdote.

Dedicó a gastar los días y las horas de los últimos años de su vida en oración ante el sagrario, y en atender y escuchar a los muchos sacerdotes y obispos que le visitan en su retiro. Fue un lento morir, en oblación sencilla y callada a todos sus valores, viviendo hasta el final de sus días su lema sacerdotal «Sacerdos et hostia».

Falleció el día 14 de julio de 1989 después de recibir, en días anteriores, la santa unción. Sus restos estuvieron tres días expuestos a la veneración de los fieles. Se trasladaron a la catedral de S. Isidro para el funeral, que se celebró con asistencia de numerosos sacerdotes y fieles, y fueron inhumados en el presbiterio de la Capilla de la Casa-Madre de la Congregación de las HH. Oblatas de Cristo Sacerdote, en Madrid.