La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
EN EL MONASTERIO DE LAS OBLATAS

El cardenal Rouco destaca que “acompañar a los jóvenes en la JMJ con la palabra, el servicio eucarístico y el servicio pastoral, es nuestro gran reto y una gran oportunidad para la Iglesia”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha presidido esta mañana una Eucaristía con motivo de la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, Jornada de Santificación Sacerdotal, en el claustro del Monasterio de las HH. Oblatas de Cristo Sacerdote (c/ General Aranaz, 22). Con el han concelebrado el Nuncio emérito en el Reino Unido, Mons. Faustino Sainz, y el Obispo Auxiliar de Madrid, Mons. Fidel Herráez, y más de 200 sacerdotes. 
En su homilía, el Cardenal ha recordado que la Fiesta Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote “forma parte del calendario litúrgico de España pero no del de la Iglesia Universal todavía”. “Está situada litúrgicamente entre el final del tiempo de la Pascua -que culmina en el Domingo de Pentecostés- y el Domingo de la Santísima Trinidad y la Fiesta del Corpus Christi, en el misterio de la Iglesia, constituida y viviendo a partir del agua y la sangre que sale del costado de Cristo el Viernes Santo, que se ve llena del espíritu fruto de esa oblación y sacrificio de Aquél que fue sacerdote y víctima a la vez, de Cristo Jesús, y que termina siendo enviada al mundo para llevar al hombre la gran noticia de la salvación, el gran tiempo de la gracia. Ahí, se sitúa la verdad del sacramento del orden, del sacerdocio ministerial”. 

Haciendo referencia a las lecturas, ha afirmado que “nuestro sacerdocio y nuestro ministerio sacerdotal se coloca con un doble reflejo hacia el mundo y hacia el hombre: el de llevarles la Palabra, los Sacramentos, que sean para ellos vida de Salvación, con una caridad que hay calificar de pastoral, es decir, viviendo nuestro sacerdocio con el estilo, la forma y el modo como vivió Cristo sus años de anuncio del Reino de Dios, que culminan con la Cruz”. “Dentro del gran Sacramento, el gran signo de ese sacrificio único, esa oblación perpetua, ese sacerdote que no deja de interceder por nosotros ante el Padre, se nos da a la Iglesia y a través de la Iglesia y por nuestro servicio ministerial al mundo: es el Sacramento de la Eucaristía”, señaló. “Recordar estas verdades de fe en la celebración de esta mañana, dijo, es siempre bueno, pero en el año 2011 mucho más acertado y oportuno, primero por el contexto de la vida de la Iglesia en el que estamos celebrando esta Fiesta, una Iglesia que quiere ser cada vez más en su vida pastoral y en su servicio al hombre y a su salvación, el Sacramento de la unión de los hombres con Dios”.

Aclaró que “esa doble perspectiva, la de que la Iglesia sea sacramento de la unión de los hombres con Dios, de los hombres entre sí con Cristo, significa que el hombre sepa reconocerse como necesitado de salvación, pero también precisa que la Iglesia, en su acción pastoral, misionera, sea consciente de que ahí está el centro, el objetivo y el fin primordial de la actividad de su ministerio y de su propia vida. Ser instrumentos de la unión de los hombres con Dios, que se hizo hombre en Cristo y en virtud de su sacerdocio, les ha puesto a disposición de su alma la gracia que perdona, redime y salva. Ministros de la verdad, de la gracia de Cristo, de la Santificación de Cristo, que tenemos que hacerlo cada vez más radical y centralmente en nuestra vida. Además, lo pide la situación relativamente nueva de la historia y del contexto de la vida de las sociedades y pueblos, de nuestra propia ciudad y nuestra propia patria, en este momento crítico y tan problemático de la historia”.

Olvido de la tradición cristiana
“En el fondo, la línea de pensamiento, ideas, cultura, que ha acompañado como hilo conductor la historia de Europa y del mundo cristiano, empieza a ser pagano en muchos aspectos de su vida, una historia del hombre que no quiere la unión con Dios, que no necesita de ninguna gracia porque no se reconoce pecador y no quiere reconocer que el origen del mal, de la ruptura con Dios, es el pecado”, aclaró. “Ha vuelto a adquirir una versión nueva, a comienzos del tercer milenio, que ofrece una agravación de esa doble postura, nacida en un tiempo curiosamente ilustrado, que necesita ser comprendida – en términos de tolerancia y aceptación humana, de comprensión intelectual, a la luz de la fe- y que nos revela que la ruptura con Dios de las civilizaciones europeas es mucho más fuerte que hace dos siglos. El olvido de la tradición cristiana se ha producido en unos términos desconocidos en la historia moderna contemporánea de Europa. Y que el reconocimiento de que el hombre es pecador es que ya la palabra ha desaparecido del lenguaje habitual, coloquial, y consiguientemente, la sanación y la cura verdadera para el pecado ni se la huele”, ha destacado.

Esta situación, ha subrayado, “impacta sobre todo en los jóvenes, como estamos viendo estos días con el fenómeno del 15-M de la Puerta del Sol: jóvenes que no conocen a Dios, no conocen a Cristo, que es el Dios con nosotros, la imagen amable y cercana de Dios, de un Dios que va a tu encuentro y te coge la mano para salvarte. Se encuentran con sus vidas rotas, y si las soluciones temporales y materialistas no funcionan, como no están funcionando, el fracaso está servido, y la rebelión también, y el desconcierto todavía más”.

Por ello, ha abogado por “vivir nuestro sacerdocio dentro de la misión y el misterio de la Iglesia como ministros de ese momento -que se ha convertido en eternidad- en que el Hijo de Dios da la vida por el hombre”, y llevar al hombre “el don y la gracia que nace de ese momento ya eterno del sacerdocio de Cristo, que se hace actual permanentemente en la Eucaristía con los modos que conocemos a través de todo el organismo sacramental de la Iglesia y de la predicación de la palabra”. Para el Cardenal, “si no acertamos a vivir así nuestro sacerdocio en este mundo que estamos tocando, habremos servido mal al Señor y habremos sido poco eficaces en el servicio del hombre y de los jóvenes de nuestro tiempo”.

Vida interior y vida espiritual
También ha recordado “dos aspectos de la vida y de la existencia sacerdotal que son fundamentales para la misma: la vida interior y la vida espiritual”. Y es que “un sacerdote que no viva la oración con intimidad, con profundidad, como un diálogo de un amigo que trata con el amigo de cosas de amor, como dice tan bellamente Santa Teresa de Jesús, estará quemándose pronto, a la larga y a la corta. No hay otra fuente de inspiración y de profundidad en la vida de un sacerdote que la de la vida espiritual y está muy centrada en el sacramento de la Eucaristía”.

Así, “centrar nuestra espiritualidad en lo que hacemos cuando escribimos y somos ministros y sacerdotes de la Eucaristía, y cuando decimos ‘Éste es mi Cuerpo y ésta es mi Sangre’ es vital para que la espiritualidad sacerdotal florezca”. “Como nos enseñaba tan bellamente y tan insistentemente el venerable San José María -que está aquí enterrado, y en proceso de beatificación, y confiamos que no tarde mucho la posicio y el acuerdo en torno al reconocimiento de sus virtudes heroicas, para que podamos celebrar pronto su beatificación en Madrid- esa espiritualidad sacerdotal vivida así, con su ejemplo, es una buena respuesta a la coyuntura y el reto de nuestro tiempo”.

Acompañar a los jóvenes en la JMJ
Finalmente, se ha referido a la JMJ que se celebrará en Madrid el próximo mes de agosto. “La preparación para la celebración que hemos vivido estos años en torno a la Cruz de Cristo, a la Cruz de las jornadas y el Icono de la Virgen a su lado, la forma de vivir esa preparación en toda España y en todo el mundo es de una enorme intensidad”. “La preparación técnica, material, etc., es costosa, compleja, exige mucha entrega, mucho espíritu de caridad y de amor a la Iglesia por todos los que la están llevando a cabo –en su inmensísima mayoría voluntarios-, y los que no lo son lo hacen con el mismo espíritu de servicio como no podía ser de otro modo para que prosperase y tuviese éxito la preparación”, ha agregado.

La JMJ, ha añadido, se está configurando como “una especie de corriente, de encuentro, de querer ir al encuentro del Señor, para que los jóvenes enraícen su vida en Él, edifiquen su vida en Él y se mantengan firmes en la fe”. “El servicio del ministerio sacerdotal en la preparación ha sido importante, y para la celebración lo es y mucho. Habrá una representación numerosa y cualificada del ministerio episcopal y una representación masiva de los sacerdotes y presbíteros de la Iglesia en todo el mundo: hemos sobrepasado los 12.000 sacerdotes inscritos y nuestros cálculos nos aproximan a los 15.000-20.000 sacerdotes. Acompañar a los jóvenes en esa gran celebración con la palabra y el servicio eucarístico, y en el servicio pastoral más cercano, es nuestro gran reto y la gran oportunidad que nos ofrece la JMJ para el presente y el futuro de la Iglesia”.

Ha concluido afirmando que “un sacerdote que no tenga celo por la salvación del alma, por llegar al corazón del hombre en cualquiera de sus edades se queda corto, no traslada su experiencia íntima de sacerdote a los demás”. “A un sacerdote que vive desde el corazón de Cristo su sacerdocio, le duele y le quema la gran cuestión y el gran reto de la salvación de las almas, aquí y eternamente, y también le empuja a ser un verdadero pastor de todos”. Por ello, ha confiado el fruto de esta celebración de la Fiesta de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote a la Madre del Señor, y le ha pedido “que esté siempre a nuestro lado, mediando”.