La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Algo más que palabras. Los salvajes

Víctor Corcoba. Escritor

Se dice sobre aquella planta no cultivada, que es una planta salvaje. También se habla sobre aquella fiera o animal salvaje, ya viva en naturaleza o en cautividad, cuando no se puede domesticar. Aplicado a los seres humanos, el salvajismo define un estadio pobre de evolución cultural, que no ha pasado la página de la barbarie. Nos hace falta, pues, despojarnos la irracionalidad que llevamos consigo y tomar la alternativa del sentido común, que no es otro que el de la razón, el punto clave que nos diferencia de los animales y nos hace personas.  
El mundo, desde luego, necesita servir a la razón y no a la selva.  Para ello, la ciudadanía tiene que cultivarse mucho más y saber utilizar esa sabiduría con la honestidad de la sencillez. Por otra parte, la actitud de docilidad no lleva implícita la manipulación, sino el deseo de comprensión y un sentimiento que nos conduce a ser más tolerante. Hay que ser dóciles pero también firmes en los principios, luchadores contra los abusos. Ciertamente, son muchas las personas que a diario se enfrentan a la salvaje inhumanidad, que piden nuestra ayuda, pero no obtienen respuesta. Es el efecto de una selva inventada por algunos y consentida por otros, en la que no se alimenta la vida interior, y consecuentemente, nadie conoce a nadie.
El poder no puede estar en manos de los salvajes, que en lugar de iluminar el intelecto, lo distraen a su egoísmo; que en lugar de sembrar la verdad, la intoxican; que en lugar de reforzar los valores humanos, los vacían de contenidos. Lo cruel del panorama radica en que hasta la violencia encuentra sus seguidores y aduladores. Es patente que en el territorio de los salvajes se rompen las relaciones humanas, al tiempo que se avivan actitudes marcadas por el odio y la venganza, el desprecio y la crueldad, la tortura y el tormento.
Hay lugares y culturas donde los niños y las mujeres están discriminados e infravalorados como nunca. La preferencia por hijos varones es otra de las presiones que sufren multitud de mujeres. De igual modo, la desbordante explotación sexual tampoco la detiene nadie. Ante estas trágicas realidades, pienso que ha llegado el momento de plantarse y de pedir más educación en el mundo como instrumento de prevención de las locuras inhumanas.
Se debe salir de la selva y del pedestal de los salvajes, mejor hoy que mañana, puesto que el daño es tremendo. Cuando se destruye el espíritu humano es muy complicado salvar la civilización. El estado normal del individuo tiene que dejar de ser la contienda, y pasar a ser el de la realización humana y social. Tenemos que establecer el final de los salvajes, el final de los inhumanos. Para acabar es necesario verse de cerca y cultivar la cercanía del corazón. En todo caso, la justicia, por muchos salvajes que ostenten el poder, siempre se defiende más con la conciencia que con las armas. Juzgarnos a la luz de las leyes innatas siempre despierta un fondo de humanidad que todos llevamos dentro.