Luis Sánchez de Movellán de la Riva. Doctor en Derecho. Profesor y Escritor

Nunca las diferencias entre ricos y pobres habían estado tan acentuadas, pues mientras un 10% de la población acumula ya el 64% de la riqueza, se pasean por la piel de toro diez millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, y encima con el sistema fiscal más regresivo de toda Europa. Nunca el sistema financiero había estado tan cerca de una quiebra masiva que podría comprometer seriamente los ahorros de millones de impositores; y nunca antes España había tenido la segunda deuda del mundo, con casi el doble del PIB.
Todo este caos no ha sucedido de la noche a la mañana, sino que es la culminación de toda una serie de largos procesos de incompetencia, corrupción, despilfarro y falseamiento sistemático de la realidad. Simplemente estamos recogiendo toda la serie de dislates que han sembrado los gobiernos radicalsocialistas de los últimos años.
Nuestra economía no es que haya empeorado severamente, sino que lo pavoroso está aún por llegar. Pero esto no es algo inevitable si se adoptan medidas serias y dolorosas que hagan retroceder la gangrena autonómica y reduzcan los ayuntamientos a la tercera parte. La casta partitocrática está condenando a la miseria y al hambre a millones de españoles, liquidando a la clase media y haciendo que se esfume el sistema público de protección social. Y todo antes que tocar los escandalosos privilegios de dos millones de enchufados (parientes, amigos y conmilitones) que están destruyendo España con sus coimas y mamandurrias.
La clave de nuestra ruina anida en los Ayuntamientos y en las Comunidades Autónomas, que son responsables de los dos tercios del gasto, fuente de todos los desequilibrios, de todos los despilfarros, de todas las ineficiencias y de todas las corruptelas imaginables. Las entidades locales y autonómicas siguen gastando el doble de lo que ingresan y mienten masivamente sobre su déficit, estando muchas en clara situación de suspensión de pagos.
Va a ser francamente difícil que el PP solucione algo ( a pesar de la euforia de cambio desatada) pues forma parte orgánica de la dictadura partitocrática, incompetente y corrupta, que nos lleva gobernando más de treinta años, que nos ha robado la democracia y nos está llevando a la ruina para varias generaciones. La única esperanza es que se articule desde la sociedad una rebelión cívica, una suerte de Tea party a la española, que haga frente y desacomode la partitocracia corrumpente y corruptora.
La solución a los males de España requiere un auténtico “cirujano de hierro”, a la usanza costista, que barra a los corruptos, procese a los responsables de tanta incuria y que demande o mande a la cárcel a tanto malo gestor. Sólo una rebelión nacional, con las masas ciudadanas en la calle (no los “perroflautas” batasunizados del 15-M que han okupado y siguen okupando los espacios públicos) puede exigir seriamente el cambio del sistema jurídico-político, la modificación radical de la Ley electoral, la adaptación a la realidad de los entes locales o la liquidación del parasitario sistema autonómico.

















