La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Por sus frutos los conoceréis

Francisco Rodríguez Barragán. Licenciado en Geografía, Historia y Derecho

Por sus frutos los conoceréis. Un árbol será bueno si da frutos sabrosos, nutritivos y abundantes y será malo si sus frutos están dañados, son amargos o escasos. Si una higuera está llena de hojas pero no da higos, será una mala higuera. Lo mismo pasa con las personas. Las conoceremos por sus frutos, por lo que aporten a la sociedad en la que vivan,  no por la hojarasca de la que presuman.

Naturalmente, antes de juzgar a los demás, tendremos que examinar nuestra propia vida para comprobar si aportamos algo a la sociedad o por el contrario tratamos de vivir, crecer y medrar a costa de ella. Si vivimos para dar o solo para recibir. Si nos creemos titulares de todos los derechos, pero exentos de todos los deberes que podamos eludir.

Los cristianos estamos destinados a dar fruto de buenas obras y el impulso para ello lo recibimos del Espíritu Santo, en el que creemos y confesamos como Señor y dador de vida, capaz de renovar la faz de la tierra, si lo dejamos actuar dentro de cada uno de nosotros.

En el viejo catecismo de Ripalda, que poca gente recuerda, se enumeraban, de forma precisa y concisa,  los frutos del Espíritu Santo en nuestras vidas. Quizás sería útil revisar si tales frutos se dan en nuestra vida o si, por el contrario, no se producen porque nuestras inclinaciones egoístas o desordenadas impiden su acción renovadora.

La caridad como ejercicio del amor a Dios y al prójimo, bajo el impulso del Espíritu Santo, producirá el fruto del gozo espiritual, gozo que cuando llega a gustarse nos llenará de  paz,  una paz interior, profunda, que nos hará soportar, con el fruto de la paciencia, todas las adversidades.

No solo las adversidades, también las ofensas, pueden soportarse con entereza de ánimo con la virtud de la longanimidad, que es también un fruto del Espíritu Santo, que nos hace clementes y generosos con los demás.

Nos quejamos constantemente del mal, de la maldad que produce dolor y sufrimiento, pero si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, seremos agentes de la bondad, instrumentos de paz,  para poner amor donde haya odio, perdón donde haya ofensa, alegría donde haya tristeza, como proclamaba Francisco de Asís.

La acción del Espíritu nos hará ser comprensivos, respetuosos, suaves en el trato con los demás, capaces de refrenar nuestra ira, nuestra impaciencia, nuestras brusquedades.

También el Espíritu Santo, nos ayudará a ser fieles a la palabra dada, a nuestros compromisos, a ser modestos y moderados, a evitar la soberbia, el orgullo, la autosuficiencia.

Otros frutos serán la continencia y la castidad, virtudes olvidadas hoy, pero que es necesario llevar a la práctica. Quien es capaz de dominar sus instintos y sus pasiones, con la ayuda de Dios, será libre  y estará disponible para dar en el mundo testimonio de la verdad.

A los cincuenta días del domingo de Resurrección, cuando la Iglesia  celebra la venida del Espíritu Santo que prometió el Señor, los cristianos debemos abrirnos a su acción transformadora.