La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La Iglesia de todos los pueblos

En la solemnidad de Pentecostés, el Papa nos ha recordado que la Iglesia no deriva de la voluntad humana, de la reflexión, de la habilidad del hombre y de su capacidad organizativa, porque si fuera así se habría extinguido hace tiempo, como sucede con las cosas humanas. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo animado por el Espíritu Santo.

Es el Espíritu Santo el que anima a la Iglesia; una Iglesia que es católica desde el primer momento y cuya universalidad no es el fruto de la inclusión sucesiva de diversas comunidades. Desde el primer instante, de hecho, el Espíritu Santo la ha creado como la Iglesia de todos los pueblos; abraza al mundo entero, supera todas las fronteras de raza, clase y nación; abate todas las barreras y une a todos los hombres.

Desde el inicio la Iglesia es una, católica y apostólica: esta es su verdadera naturaleza y como tal debe ser reconocida. Es santa, no gracias a la capacidad de sus miembros, sino porque Dios mismo, con su Espíritu, la crea y la santifica siempre. En ella, como los discípulos, nos alegramos de ver al Señor y es desde ella desde donde los cristianos salimos al mundo, renovados por la presencia de Aquel que es la Verdad que hace vivir a los hombres, para comunicar a todos, ya sin miedo, un mensaje universal, comprensible para cualquier tiempo y cultura.