La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El apostolado del laico empieza en su casa

Anunciar el Evangelio es la razón de ser de la Iglesia. Hoy, Solemnidad de Pentecostés, se celebra el Día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica. Los obispos hacen un renovado llamamiento a los laicos a participar en la ‘nueva evangelización’. Subrayan que lo primero es la conversión personal, mientras lamentan que aumente el “número de los que se confiesan creyentes, pero viven al margen de Dios”. Lo advertía hace unos días el Papa al nuevo Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización: el estilo de vida debe ser creíble; la fe debe impregnar todos los ámbitos de la vida. Ése es precisamente el reto de la nueva evangelización: recuperar “un sentido cristiano general”, que durante siglos ha plasmado toda la cultura, particularmente en Europa.

Es esencial para ello la misión de los seglares, llamados a impregnar de Evangelio las distintas realidades temporales en las que se mueven. Más aún porque ellos son tal vez el único rostro de la Iglesia que han conocido directamente muchas personas en esos entornos. Pero el trabajo de los laicos empieza en casa. En su viaje a Croacia, Benedicto XVI ha subrayado “la función insustituible” de la familia cristiana. Su misión consiste en dar testimonio ante el mundo, pero antes aún, en algo tan básico como enseñar a rezar a sus hijos. Si hablamos hoy de secularismo y necesidad de nueva evangelización, es justamente porque los bautizados están flaqueando en aspectos como éste.