La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
EN UN MENSAJE

El presidente de CONFER anima a agradecer el don de la Vida Consagrada

 
 
El Presidente de CONFER, el P. Elías Royón, ha hecho público un mensaje con motivo de la Festividad de Pentecostés, en el que anima a agradecer el don de la Vida Consagrada e invita a los religiosos y religiosas a “agradecer a Dios el don del que el Espíritu hace a la Iglesia y a vivir con «la esperanza que nace de la vida anclada en quien nos llama y envía».

En su mensaje, titulado “Agradecer y revitalizar nuestros carismas fundacionales”, el P. Elías Royón recuerda que Pentecostés es “la fiesta del Espíritu promesa y don del Señor Resucitado para reconocerle al oír nuestro nombre y alegrarnos al comprobar sus manos y el costado; don a la comunidad que triste y miedosa tiene las puertas cerradas, y se recrea en su dolor narcisista e infecundo; don a los tristes y desilusionados que se alejan, haciéndoles entender que el corazón arde de pasión cuando la vida se recobra al partirla y repartirla; promesa del Padre para el envío hasta los confines del mundo”.

En este sentido, señala que es “la fiesta eclesial por antonomasia”, donde “la Iglesia que nace en la espera oracional del Espíritu, junto a María, en la comunión de todos los convocados por el mismo Señor”. Por ello, invita a agradecer ese don del Espíritu a la Iglesia.

Recuerda, además, que “esta fiesta es un momento propicio para agradecer y examinar nuestra acogida a la sencillez y frescuras de sus vidas apasionadas por Jesucristo, desde donde supieron responder, sin muchos análisis de la realidad, con creatividad y audacia, a las necesidades y urgencias de la Iglesia y el mundo”.

Concluye destacando que “estamos inmersos en un proceso, que exige a la vez fidelidad a los orígenes y a los desafíos apostólicos de nuestro tiempo”. Y es que “la vida religiosa está llamada a mantener una mirada atenta al don originante y una sensibilidad vigilante a lo que está surgiendo en nuestro entorno, para responder con audacia y creatividad”. “Todo esto integra la dimensión carismática de la vida consagrada en la Iglesia; estamos llamados a conservar esa índole de todo carisma auténtico que lleva consigo una carga de genuina novedad en la vida de la Iglesia», añade y pide que “abramos nuestro corazón a la esperanza que nos ha sido prometida; una esperanza que nace no de nuestro esfuerzo sino de la vida anclada en Quién nos llama y envía”.