La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
EN UNA NOTA DEL COMITÉ EJECUTIVO

“Todo ser humano tiene derecho a ser persona”, afirman los obispos chilenos

Los obispos del Episcopado chileno han hecho pública una declaración con motivo del proyecto de ley de no discriminación, que se está debatiendo en el país. Recordando el Simposio de los Derechos Humanos en Chile de 1978, que se celebró con el lema “Todo hombre tiene derecho a ser persona”, el Comité Ejecutivo de la CEC recuerda que treinta años después “la convicción de que todo ser humano tiene derecho a ser persona y a ser tratado como tal se ha consolidado universalmente”.

“Este convencimiento, prosiguen los obispos, nos alienta a compartir respetuosamente con la sociedad chilena, los parlamentarios, con nuestras comunidades y todas las personas de buena voluntad algunas preocupaciones respecto del proyecto de ley contra la discriminación, actualmente en última etapa de tramitación legislativa”.

Según exponen, una ley que establezca medidas contra la discriminación cuenta “con todo nuestro apoyo” pues “todos fuimos creados con igual dignidad, a imagen y semejanza de Dios”. Por ello, “buscamos por lo tanto una sociedad más justa, humana y fraterna, en la cual nadie sufra la exclusión, la burla, el desprecio ni menos el castigo, simplemente por ser diferente. Debemos acoger con respeto a todos, y reprobar toda injusticia que dañe la dignidad de las personas o la igualdad y complementariedad fundamental entre ellas”.

Sin embargo, el Episcopado pone de manifiesto que “el actual proyecto de ley requiere ser perfeccionado, de manera que la igualdad en dignidad de toda persona, que es el fundamento de la convivencia, no sea invocada erradamente contra derechos inherentes a la naturaleza humana”.  Y critican que “en su actual redacción puede ser utilizado con fines del todo ajenos a la intención de los legisladores, por cuanto puede llegar a ser precisamente fuente de discriminación que, como sociedad, tenemos que evitar”, como por ejemplo, “que puede afectar a la esencia del matrimonio como unión entre un varón y una mujer, abierta a la generación de hijos conforme a su naturaleza”. Con la nueva ley, las uniones homosexuales se equipararían a la institución matrimonial y el  niño no tendría derecho a tener un padre y una madre, sino que pasarían a llamarse progenitores.

Por ello, proponen que “la ley no utilice términos ambiguos, que son susceptibles de interpretaciones arbitrarias, por ser ajenos a nuestro ordenamiento jurídico, tales como las palabras “género” y “orientación sexual”. Y concluyen pidiendo respeto a la naturaleza del ser humano, al matrimonio y a la familia.