La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Información y salud

         Javier Arnal. Licenciado en Derecho

            La bacteria “E.coli” nos trae de cabeza. Una notable imprudencia alemana atribuyó a los pepinos españoles  la causa de la propagación, y hemos  sufrido las consecuencias del castigo al pepino: sólo tarde y mal el Gobierno español reaccionó.

 

            Ante el cierto y lógico nerviosismo de ciertos sectores sociales, algunos expertos apuntaron a la soja. Ahora parece que tampoco la soja es la causa de la enfermedad. ¿Habrá algún otro producto, de los muchos que con toda seguridad se estarán investigando en diversos laboratorios, que alguno lo mencione, por afán de notoriedad o porque piensa que así presta un mejor servicio a la sociedad?

            Tenemos reciente el caso de la gripe A. La OMS incurrió en un imprudente e injustificable  alarmismo. En ese caso tampoco faltaron voces que casi nos hacía responsables del alarmismo a los medios de comunicación. Y más recientemente la OMS ha apuntado a una posible relación del uso de los teléfonos móviles y algunos tipos de tumores.

            Entre muchos  médicos hay una lógica y creciente indignación por estos hechos. Pierde prestigio la atención sanitaria, salimos malparados los medios de comunicación y peor parados todos los ciudadanos, sometidos a un bombardeo de hipótesis.

            Se nos pide rigor a los medios de comunicación. Pero nosotros pedimos, previamente, ese rigor en las fuentes de información. En materia de salud ese rigor ha de ser máximo, y no se ha asociar a mutismo o cerrazón informativa. Es como si la Policía informara de todas las pesquisas e interrogatorios para detener a un delincuente: más grave es aún la ligereza en la información sobre la salud.

            No comparto el criterio de que lo mejor es curarse en salud, y convertir en seguro un hipotético origen de la enfermedad. Los ciudadanos agradecen las investigaciones médicas y el indudable esfuerzo por avanzar, pero más agradecen que las autoridades –sanitarias y civiles- reconozcan sus límites, que en ocasiones es no atribuir la etiología a ciegas y seguir trabajando con humildad. Andan en juego intereses económicos, afán de notoriedad ante las cámaras y  falta de prudencia: un circo en el que los medios de comunicación también tenemos que enjuiciar nuestra tarea.

            Blog: http://javierarnal.wordpresss.com