La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
AUDIENCIA

El Papa denuncia que la tentación del hombre es construir un dios «acorde a los propios esquemas y a los propios proyectos»

Benedicto XVI celebró ayer miércoles su habitual audiencia en el Vaticano y destacó en su discurso en español que «la tentación constante para el hombre» es «construir un dios comprensible y manejable»

Ante miles de peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, el Pontífice ha subrayado que los hombres pretenden «eludir el misterio divino construyendo un dios comprensible, acorde a los propios esquemas y a los propios proyectos».

El Papa ha recordado el pasaje de la Biblia en la que los israelitas construyen el becerro de oro y ha declarado que en este texto el pueblo de Israel «pide una presencia tangible y tocable del Señor» ante «un Dios invisible» y «un mediador, Moisés, desaparecido». Por ello, los israelitas «construyen un dios comprensible, accesible, manejable, a la mano del hombre», ha añadido el Papa.

Por otra parte, Benedicto XVI ha destacado que «el castigo y la destrucción en la cual se exprime la ira de Dios como rechazo al mal» indican «la gravedad del pecado cometido», aunque al mismo tiempo existe «la petición del mediador que manifiesta la voluntad de perdón del Señor».

El Pontífice ha precisado que «la salvación de Dios» implica «misericordia» pero también «denuncia de la verdad, del pecado, del mal que existe» para que «el pecador, reconociendo y rechazando el mal» pueda «dejarse perdonar por Dios».

En este sentido, Benedicto XVI ha señalado que «así la oración de intercesión permite, dentro de la realidad corrupta del hombre pecador, la misericordia divina, que encuentra voz en la súplica del orante y se hace presente a través de él».

Además, en un discurso improvisado, el Papa ha recordado que Cristo «hace de mediador» con Dios porque «está ante Él y reza por nosotros» y acoge «la naturaleza humana» para «identificarse con nosotros».

Así, Cristo invita a los cristianos «a entrar en su identidad haciéndose con él un solo cuerpo y un solo espíritu», ha concluido el Pontífice.