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ENTREVISTA EN LA REVISTA PALABRA

Cardenal Rouco: “En estas dos décadas ha surgido una nueva juventud en la Iglesia”

La JMJ está a las puertas. El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, no pierde un minuto. Sólo cuando los registradores y la cámara de fotos están dispuestos, interrumpe su anterior tarea y sale a atender al periodista. Lo hace en la biblioteca de su residencia de la calle san Justo, una estancia de techo alto –bien surtida de libros– en la que destaca un monumental Cristo crucificado, obra del pintor Enrique Segura. 

P.- Señor cardenal, ya sólo faltan dos meses y medio para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid. A la vista de los últimos datos del Comité organizador –hay inscritos 347.965 jóvenes–, ¿cuáles son sus últimas estimaciones sobre el total de jóvenes que acudirán a la JMJ?  

R.- Creo que no van a distar mucho de las primeras intuiciones que tuvimos hace dos años. El número de jóvenes que se moverá por Madrid entre el 15 y el 21 de agosto estará entre el medio millón y el millón, con toda seguridad. Luego, en los grandes actos centrales de la JMJ –la vigilia eucarística del sábado 20 y la Misa final del domingo 21 por la mañana–, superaremos con mucho ese número.
La objetividad de los datos con los que estamos haciendo los cálculos nos ha llevado a solicitar de las administraciones públicas la posibilidad de añadir al espacio del aeródromo de Cuatro Vientos un terreno agrícola baldío contiguo, que nos permitirá completar el aforo del aeródromo. No es ninguna previsión fantasiosa, sino una exigencia de nuestra responsabilidad al organizar la JMJ, para que todo el que venga pueda participar en esos dos grandes actos centrales.

P.- ¿No le sorprende que a día de hoy haya inscritos en la JMJ más jóvenes italianos (65.196) que españoles (54.492)?. ¿A qué se debe?

R.- Es algo habitual en la forma de proceder de los grupos juveniles españoles. No es una circunstancia especial de esta JMJ. En cualquier caso, no son tan pocos los españoles que se han inscrito ya.
La experiencia me dice que los españoles se inscriben tarde. Influye la fama que tenemos de improvisar los planes, pero más todavía que los meses clave para la inscripción –mayo y junio– coinciden con el fin del curso escolar. Es lógico que los jóvenes se hayan centrado en los exámenes y hayan pospuesto todo lo demás. Esta lógica ha influido en el ritmo de inscripciones.
Hay, sin embargo, muchos grupos de jóvenes españoles previsores que ya formalizaron su inscripción. De hecho, el número de españoles que se han inscrito con antelación es mucho mayor que en otras JMJ.
De todos modos, me gustaría hacer un llamamiento para que los jóvenes se inscriban cuanto antes mejor, porque con esas inscripciones contribuirán al fondo de solidaridad y ayudarán a los jóvenes de países menos desarrollados a que puedan venir.

P.- ¿Afectará al número de participantes el hecho de que los españoles solemos tomar las vacaciones en agosto?

R.- No creo que esta circunstancia sea de gran relevancia para que se dé una afluencia masiva de jóvenes a la JMJ. Hubo ese mismo temor en Santiago, cuando el dinamismo interior de las JMJ estaba todavía por descubrir. Pero, en aquella semana de agosto de 1989, Santiago atrajo a miles de jóvenes. Yo creo que en Madrid va a pasar lo mismo; y con mayor fuerza, incluso.

P.- ¿Cuántas familias madrileñas han manifestado su disposición a acoger peregrinos?

R.- Por ahora, más de 7000. Calculamos que sería necesario llegar a 50.000 familias. En este aspecto sí que influye negativamente la coincidencia de la JMJ con las vacaciones de muchas familias madrileñas.
Por otro lado, son las familias de los barrios más populares de Madrid las que están respondiendo mejor a esta llamada de acogida.

P.- La JMJ viene precedida por un acontecimiento muy especial: la beatificación de Juan Pablo II, el Papa que inició estas jornadas mundiales. ¿Hay previsto algún homenaje al nuevo beato?

R.- Está previsto que la Santa Misa de apertura de la JMJ, el martes 16 en la plaza de Cibeles, sea en honor de Juan Pablo II, y con la liturgia correspondiente al nuevo beato.

P.- ¿Usted acude a la intercesión de Juan Pablo II para pedirle por la JMJ?

R.- Todos los días. Constantemente acudo a él para que nos eche una mano desde arriba. Porque si hay alguien que comprende bien el asunto que nos traemos entre manos es él.

P.- ¿Cómo reaccionarán los jóvenes cuando, por primera vez en una JMJ, se invoque a Juan Pablo II como beato?

R.- Yo distinguiría entre los más jóvenes y aquellos que han participado en varias jornadas con Juan Pablo II, y ya no son tan jóvenes. A las jornadas acuden jóvenes cuyas edades van desde la última adolescencia, entre 16 o 17 años, hasta una madura juventud: casi hasta los 30. Según las estadísticas, el perfil medio del peregrino de la JMJ es un chico o chica de entre 22 y 24 años.
Para los jóvenes de entre 22 y 30 años la figura de Juan Pablo II sigue muy viva en su memoria y en su corazón. Seguro que invocarán a Juan Pablo II con gran entusiasmo, interior y exterior. Los más jóvenes se sentirán arrastrados por esa misma corriente del Espíritu.

P.- Usted es el único obispo en el mundo que ha estado en la organización de dos JMJ.

R.- Bueno, es una gracia de Dios, una providencia especial.

P.- Desde esa experiencia, ¿qué diferencias observa entre aquella juventud que acudió a la JMJ de Santiago de Compostela, en 1989, y los jóvenes que acudirán a Madrid en agosto de 2011?

R.- Los jóvenes que respondieron en los años 80 a las primeras convocatorias de Juan Pablo II eran hijos de la que se conoce como “generación de la revolución cultural del 68”. Habían experimentado la decepción de las utopías fermentadas veinte años antes en el mayo del 68. Era una juventud que representaba una incógnita pastoral, humana y espiritual de primer orden. A pesar del gran éxito que habían tenido las convocatorias del Papa a los jóvenes (en Roma, con motivo del Año Santo de la Redención de 1984, y también en Roma para la primera JMJ de 1986), muchos nos preguntábamos si aquello cuajaría.
Existía la gran incógnita de cuántos jóvenes vendrían a Santiago y, sobre todo, cómo serían aquellos chavales que habían crecido en una España distinta a la de los años 50 y 60.
Los años 80 habían traído a España una autentica invasión de nuevas ideas. La práctica religiosa juvenil no estaba en un momento muy bueno. La vivencia del Concilio en la Iglesia se manifestaba entonces llena de contrastes. La universidad atravesaba también una época difícil.
En ese momento complicado, por no decir confuso, no sabíamos qué juventud llegaría a Santiago. Pero las incógnitas se despejaron enseguida y, de forma tal, que se habló entonces del comienzo de una nueva etapa en la historia de la relación de la Iglesia con los jóvenes de Europa y del mundo. Fue como el inicio de la aplicación apostólica del Concilio Vaticano II a las nuevas generaciones. Se llegó a hablar incluso del nuevo Pentecostés de Compostela. Y creo que fue así.

P.- ¿Y ahora, veintidós años después?

R.- La juventud de 2011 es muy distinta de aquella. En estas dos décadas hemos visto cómo ha surgido una nueva juventud en la Iglesia, nacida en el cauce de la acción apostólica de Juan Pablo II; una juventud católica con iniciativas y fórmulas que antes no existían.
A esta nueva juventud hay que animarla ahora a perseverar en su fidelidad, para que ésta se convierta en compromiso de vida, en testimonio apostólico, con una clara intención y entusiasmo misioneros, de manera que influya en tantos jóvenes de su entorno que no han recibido esa educación cristiana.
La de Madrid va a ser, por tanto, una JMJ de naturaleza muy misionera, donde se dará un gran impulso al compromiso apostólico de los jóvenes bajo el signo de la nueva evangelización que Benedicto XVI ha relanzado.

P.- La JMJ se celebra ciertamente en ese contexto de nueva evangelización. ¿Es la JMJ uno de sus instrumentos?

R.- Fue en octubre de 1985 cuando Juan Pablo II lanzó la convocatoria de una nueva evangelización y acuñó ese concepto. Luego, la JMJ ha hecho posible que esta propuesta se llevase a la práctica y se alcanzase la convicción de que esa tarea es posible.

P.- ¿Qué objetivo fundamental plantea la JMJ a los jóvenes?

R.- Con respecto a esa nueva juventud cristiana de la que hablábamos antes, que será el núcleo de los que vengan en agosto, el principal objetivo es realizar en ellos el lema de la JMJ: que enraícen más a fondo su vida en Cristo; que edifiquen todos sus proyectos de vida, de profesión, de vocación en Cristo; y que se confirmen en la fe, a través de una más profunda formación doctrinal, teológica y espiritual.
Y con respecto a aquellos que van a venir más o menos despistados y andan desconcertados en su vida religiosa o moral, el objetivo de la JMJ es ayudarles a comprender que deben salir de esa situación de desconcierto y emprender el camino de la verdad.

P.- La JMJ se va a celebrar en un contexto de crisis económica fuerte y de un paro juvenil muy severo, particularmente en España. ¿Cómo podría incidir el encuentro para que muchos jóvenes no caigan en el pesimismo por la incertidumbre de su futuro?

R.- La JMJ tiene una finalidad espiritual, pero ayudará a los jóvenes a descubrir que, como señala Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate, en el fondo de la crisis que estamos viviendo, además de una crisis de características claramente económicas, sociales, políticas y jurídicas, subyace también una crisis cultural y una crisis de la concepción de la vida edificada sobre el fundamento de la fe en Dios.
Es verdad que no son los protagonistas de la Jornada quienes pueden cambiar ya la situación económica, pero son ellos quienes podrán emprender el camino de una renovación moral a fondo de la sociedad.
La JMJ les ayudará a darse cuenta también de otra gran verdad que el Papa señala en Caritas in veritate: que una de las raíces de la crisis económica es la crisis del matrimonio y de la familia. Y que, por tanto, es engañarse pensar que vamos a salir de la crisis con una demografía tan extraordinariamente negativa, o con una concepción de las relaciones humanas tan en función del egoísmo y del placer.
Ahí los jóvenes van a ser los protagonistas. En el fondo, es la suya la generación llamada a hacer una verdadera reforma social, cultural y política en la que primen los valores fundamentales del bien del hombre.

P.- En marzo, con ocasión del día del seminario, usted insinuó que rezar por la JMJ es lo mismo que rezar por las vocaciones. ¿Cómo se está potenciando el aspecto vocacional de la JMJ?

R.- Hasta ahora, en la historia de las JMJ el fruto vocacional ha sido sorprendentemente
bueno, tanto para el sacerdocio como para la vida consagrada; y también para el matrimonio cristiano vivido en la plenitud de su verdad. Naturalmente, hemos querido cuidar ese aspecto de la JMJ en todo el proceso de preparación catequética y de oración de la Jornada.
En la misma programación de la JMJ hemos procurado destacar la importancia de las distintas vocaciones para la Iglesia. En los distintos encuentros con el Santo Padre
–con jóvenes religiosas y profesores, seminaristas o familias– se resalta ese espectro de vocaciones básicas.
Luego, la programación de actividades en las tardes y noches de la JMJ será muy interesante desde el punto de vista vocacional. Pronto saldrá a la luz y se verá toda la riqueza que tiene.

P.- ¿Qué preparación espiritual sugeriría a los jóvenes ante la JMJ?

R.- La Conferencia Episcopal Española y la archidiócesis de Madrid confeccionaron un itinerario de preparación para todo este curso, que giraba en torno a varios ejes: preparación doctrinal o catequética, centrada en torno al ministerio y a la persona de Jesucristo; intensificación de la vida sacramental; oración alimentada por la Eucaristía; y, finalmente, el eje apostólico: estar dispuestos a ser testigos del Señor. La JMJ es una gran ocasión para dar testimonio de Cristo.
Este programa de preparación espiritual se está llevando a cabo. En Madrid, la organización técnica de la JMJ lleva mucho tiempo, sobre todo a los jóvenes más metidos en la vida de la Iglesia. Por eso hay que pedirles a todos ellos que vivan esa dedicación como un acto de caridad fraterna y de comunión en la Iglesia. Porque preparar y colaborar en la JMJ es también un modo de dar testimonio de Cristo.
Por otro lado, la Cruz de la JMJ sigue peregrinando por España. En julio la recibiremos de nuevo en Madrid. Procuraremos entonces que el ambiente con el que comenzó la peregrinación, ese abrazo a la cruz de los jóvenes, vuelva a actualizarse de cara a las semanas inmediatas a la JMJ.

P.- ¿Cómo cree que responderá la Iglesia en Madrid, anfitriona del encuentro, a esos tres grandes retos de la JMJ: acogida de los peregrinos, acogida al Santo Padre y participación en los actos?

R.- Me atrevería a pronosticar que la acogida será espléndida, tanto por parte de los católicos como por parte de la sociedad y del pueblo de Madrid.
Las raíces cristianas de todo lo que somos están ahí, y suelen aflorar a la superficie en ocasiones como ésta. Con motivo de la JMJ estoy seguro de que esas raíces se abrirán paso en el corazón de los madrileños.

P.- ¿No cabe el peligro de que la acogida de los jóvenes al Papa sea muy festiva, pero poco profunda?

R.- La afectividad pertenece a la estructura psicológica de los jóvenes. Pero incluso en esas circunstancias emotivas el impulso de la fe es muy fuerte. Los jóvenes acogerán al Santo Padre con el entusiasmo característico de los encuentros juveniles de las últimas dos décadas. El calor y la cordialidad de Madrid al recibir al Papa no van a ser menores que cuando acogió a Juan Pablo II en 2003. Sobre la buena acogida al Papa no tengo ninguna preocupación; tampoco sobre esa otra acogida de carácter espiritual a través de la oración escondida de tantos. La Iglesia, desde ese hondón de su vida, acogerá al Papa como el paso del Señor por su tierra.

P.- Algunos indicadores sociológicos –práctica religiosa, declaraciones de la renta a favor de la Iglesia, seminaristas, nuevas parroquias… –sugieren que Madrid está por encima de la media en cuanto a vitalidad religiosa. ¿Se notará esa impronta en la JMJ de agosto? ¿La JMJ contribuirá a que Madrid exporte esa vitalidad?

R.- Esos indicadores, sin duda, han ayudado a preparar la JMJ con mucha intensidad y con mucha entrega por parte de todos. También para que la acogida fraterna sea espléndida. Ayudarán también a que el estilo y el espíritu en el que se vivan las jornadas sean muy del Espíritu Santo y contribuya a que los jóvenes que vengan de otras partes se sientan más impulsados a dar un paso adelante en su compromiso de cristianos. Estoy seguro que sí.
Pero el espíritu no se exporta: se comunica y se comparte en comunión. Y compartir en la comunión de la Iglesia un gran acontecimiento como éste será una experiencia que ayudará a todos. Como ocurriera en Santiago de Compostela en 1989, en agosto tendremos en Madrid otro gran Pentecostés, otra gran manifestación del Espíritu Santo.

P.-A veces se dice que los frutos de la JMJ no son demasiado duraderos.


R.-Esa afirmación no responde a la verdad. Si uno mira la historia, se dará cuenta de que a la sombra de las JMJ ha nacido una nueva generación de jóvenes que participa a fondo en la vida de la Iglesia y que está dando su vida en una vocación cristiana neta; que ha surgido, asimismo, una nueva generación de sacerdotes, religiosos y religiosas; que ha aparecido también un movimiento familiar de compromiso cristiano en la vida social que no había antes. Los frutos se han traducido a veces en formas asociativas, en iniciativas compartidas, en una presencia de la Iglesia en los medios de comunicación social que tampoco había antes, con un protagonismo muy especial de esa nueva generación de cristianos. También ha emergido una nueva pastoral universitaria, a la vez viva y profunda.
Naturalmente, no se puede afirmar que todo este panorama al que me refiero se deba sólo al impulso de las JMJ, pero es evidente que parte de ahí. 

P.- ¿Cuáles serán los frutos de la JMJ de Madrid?

R.- Hay que esperar que los frutos que se han recogido en la historia de las JMJ se vean superpotenciados en la JMJ de Madrid: en vocaciones, en la formación espiritual, cultural e intelectual de los jóvenes y también en el campo de la familia y de la universidad. Se traducirá también en la potenciación de las nuevas realidades y movimientos eclesiales que estarán muy presentes aquí. La JMJ de Madrid servirá para que se susciten nuevas iniciativas apostólicas y pastorales juveniles. Y permanecerán, sin duda, después de la JMJ.

P.- Una última curiosidad: ¿Qué significado tendrá para la JMJ la proclamación de san Juan de Ávila –uno de los patronos de la JMJ– como doctor de la Iglesia?

R.- Es una noticia hermosa, sobre todo para España. Pero conviene aclarar que a san Juan de Ávila se le nombró patrono de la JMJ antes de saber que se le declararía doctor de la Iglesia universal.
Por desgracia, san Juan de Ávila no es muy conocido entre los jóvenes. Su declaración como doctor de la Iglesia ayudará a conocerle y a resaltar su enorme figura. También nos ayudará a que los jóvenes españoles vivan su memoria histórica no tan amarrada al siglo XX y vivir la JMJ de una manera más profunda. No sabemos si el Papa anunciará aquí esa declaración. En cualquier caso, el anuncio es inminente.

Enrique Carlier.