La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Jóvenes o indignados

El Blog de Jorge Trías

La mugre que se va acumulando en la Puerta del Sol –rastas, coletas, hedor, protestas sin sentido, etcétera, etcétera- probablemente arropada por algún que otro hombre o mujer de buena fe pero de pocas luces, invita a una meditación. Todos los periódicos del mundo abrieron sus ediciones con el deplorable espectáculo de la “okupación” del kilómetro cero de España por unos “indignados”, se mire por donde se quiera, contra las cosas más variopintas. 

Esto no es Egipto, ni Túnez ni Libia. Ni el mayo español de 2011 es el mayo francés del 68, ni todos los bancos son todos tan malos y fieros como los pintan. Casi el cien por cien de la población no se dedica a ensuciar paredes, dormir en la calle u “okupar” las plazas públicas. Pero deben soportar como otros, que no pagan impuestos, viven del prójimo o de prestado de sus padres, les impiden ejercer su libertad de movimiento o de comercio. Pues es cierto que una mayoría amplísima de españoles está indignada, pero no a lo Puerta del Sol, sino como manifestaron las urnas el domingo pasado. Cuando se gobierna mal y se toman medidas innecesarias y sin sentido, los gobiernos acaban pagando su osadía. La indignación debería dirigirse contra la ausencia de principios éticos y morales en la vida pública. Otros jóvenes, probablemente pasen del millón, se manifestarán ante el Papa –un anciano filósofo vestido de blanco- para orar en común sean cuales sean sus creencias y costumbres. Pero eso no “mola” a los “indignados”. Llevar una cruz a cuestas, trabajar cada día o buscar el sustento en épocas difíciles, o esforzarse, estudiar, hacer bien un oficio, intentar cambiar las cosas desde la libertad, eso no es lo mismo que fumarse un porro o liarse el botellón a la cabeza. No comprendo bajo que principios democráticos unos centenares de desarrapados pueden someter a toda una ciudad.