La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Reflexión sobre el fenómeno asambleario

Jesús Ortiz. Escritor

Han pasado las elecciones y se cumple lo previsto: una victoria destacada para el Partido Popular en casi todas las autonomías y en la mayor parte de los ayuntamientos de España. La Jornada de reflexión ha sido alterada por los akampados en la Puerta del Sol en Madrid y en otras ciudades, y el fenómeno asambleario se extiende dando más de lo mismo. 
Invasión de akampados

La participación ciudadana en estas elecciones demuestra que ese movimiento puede captar algunas simpatías iniciales, pero después son disolventes y ponen en peligro las libertades de los demás. Al transformarse ahora en asambleas de barrio y otro tipo de akampadas se convierte en un quiste que altera el orden público y la vida en democracia. Lo dicen los comerciantes de Sol y de otros lugares invadidos por estos amigos de lo suyo que imponen a los demás las consecuencias indeseables de sus akampadas, en el fondo y en la forma como trataremos de ver.
En la forma, porque los honrados trabajadores que llevan sus negocios o contratan a otros se encuentran con una caída de ventas del 70 por ciento, y se han visto forzados a soportar invasiones de locales, pintadas en sus escaparates, y hedores en el ambiente, que alejan a los usuarios y turistas. Queda muy bonito en las fotos por internet ver a esos grupos con las manos alzadas, aferradas al iphone burgués; porque las fotografías no desprenden los malos olores, los zafios insultos, ni las veladas amenazas.
En el fondo, ese sistema asambleario de okupas va contra los derechos de la mayoría que trabaja por sacar adelante sus trabajos y empresas. Ellos defienden «sus derechos» y quieren ser «la conciencia crítica de la sociedad», como tantos revolucionarios,  pero intimidan a los demás para que no ejerzan los suyos; ellos se «indignan» sin tener en cuenta que otros indignados prefieren trabajar para que mejoren las cosas desde dentro: tienen menos utopía pero más ética, tienen menos cuento porque tienen más  responsabilidad, tienen menos voz pero tienen más votos.
Propuestas poco pacíficas

Los indignados pasan por ser pacíficos pero los hechos no les dan la razón cuando unos  de ellos asaltan la sede de la televisión pública de Murcia, y otros hacen lo propio en los bares cercanos a su akampada, generando tensión frente a la clientela y los empleados. Además ¿por qué una banda de desocupados puede invadir las plazas impidiendo la circulación de los peatones?, ¿por qué esos grupos pueden destrozar los parterres y el mobiliario urbano sin que la autoridad intervenga, mientras a cualquier ciudadano le cae una multa por hacer lo mismo?, ¿dónde han adquirido esa bula? Esto indica que su fuerza reside en la intimidación.
Pero aún es más grave el pensamiento asambleario cuando logra concretarse un poco. Sirva como ejemplo el resumen de 16 propuestas que aprobaron en la Puerta del Sol, pues mezclan ideas positivas con intenciones muy peligrosas. Entre las primeras, quién no estará de acuerdo en que haya listas electorales abiertas o en superar el paro? Pero ¿quién estará de acuerdo en que unos antisistema tomen el control de la prensa o de la educación? Piden en la propuesta 9 «el acceso popular a los medios de comunicación, que deberán ser éticos y veraces».  Los periodistas vemos amenazado nuestro trabajo por estos pacifistas del iphone, si tomaran el poder. Eso lo decía Karl Marx, Lenin y Castro; lo practicaron a sangre y fuego Hitler y Stalin. Temo por tanto que esos akampados me amordacen si llegaran al poder. Además dicen que «los medios deberán ser éticos y veraces». Con esta exigencia me temo que impondrían su ética y su veracidad con persecución, encarcelamiento y tortura  a los periodistas que no les fueran adictos, como hicieron esos totalitarios de antaño.
En la propuesta 15 exigen la recuperación de la Memoria Histórica, con mayúscula, sintonizando así con una de las fijaciones del gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, que ha minado la convivencia social y dinamitado una Transición que ha dado a España los mejores años de democracia y desarrollo social en libertad. De este modo, los <I>akampados</I> demuestran que no son nada ingenuos ni soñadores sino que más bien parecen ser lobos con piel de oveja.
Contaminación tras el 15-M

Con esta movida asamblearia el Partido Popular sale perjudicado más de lo que parece pues recibe un regalo envenenado y un lastre para su gestión. El dibujante Mingote representaba al Partido Popular como una persona que intenta llevar una pesada piedra tallada con el nombre de «TRIUNFO». Lastre no sólo por los cinco millones de parados, sino porque encontrarán graves dificultades para gobernar si consiguen ganar las elecciones generales sin sobresaltos en los trenes, en los aeropuertos o en las centrales nucleares. Los «populares» recibirán a una parte de la sociedad intoxicada con las utopías de los akampados que le pondrán serias trabas para gobernar después. Al menor ejercicio de poder o ante cualquier error, las plazas y calles se llenarán de consignas menos utópicas y más desestabilizadoras que las actuales en la Puerta del Sol, a cargo de estos partidarios de la Memoria Histórica y de los ingenuos que les sirvan de coro y de pantalla.
De todos modos, el partido triunfante en estas elecciones haría muy bien en tomar nota de algunas propuestas de la asamblea de akampados, como la necesidad de que los partidos presenten listas abiertas en las elecciones, cosa en que hay un acuerdo amplio, aun reconociendo que es un asunto difícil de llevar a la práctica por ahora. El objetivo al que apunta tal propuesta es una mayor representatividad de los políticos, una mayor responsabilidad ante sus electores y una mayor exigencia de honradez pública. Más aún, esas listas abiertas y limpias de imputados por corrupción contribuirían a que los partidos políticos se modernicen dejando de ser máquinas para la captación de votos. La partitocracia actual se parece bastante a un secuestro de la democracia.
Tampoco es descabellado proponer la efectiva separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, pues la politización de la Justicia es bochornosa y desestabiliza el sistema de convivencia. Si no podemos fiarnos de los jueces en los más altos tribunales, convertidos hoy en cheerleades o comparsas para jalear a su partido, entonces significa que el Estado de derecho está más minado que un queso de gruyere.