La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
Convención sobre la Laicidad celebrada en Paris

A propósito de la Convención sobre la Laicidad en Francia en la que participó como único invitado extranjero “Europa no puede abdicar de los elementos básicos de su civilización ni de los valores que constituyen el pilar de nuestras democracias”, afirma Eugenio Nasarre

Invitado a través de la Fundación FAES, por el partido de la mayoría presidencial francesa, la UMP, el diputado Eugenio Nasarre asistió días pasados a la Convención sobre la Laicidad celebrada en Paris en vísperas de la entrada en vigor de la nueva ley que prohíbe el uso del “burka” y el “niqab” en la vía pública. Nasarre fue el único representante extranjero en esta asamblea que había sido precedida de una fuerte polémica y en la cual tuvo la ocasión de intervenir para exponer sintéticamente el modelo constitucional español en materia religiosa, al que calificó de “laicidad positiva” y afirmar que Europa no puede abdicar de los elementos básicos de su civilización ni de sus raíces cristianas, así como de los valores que constituyen el pilar de nuestras democracias.

En esta intervención el diputado por Jaén del PP y antiguo Secretario General del Ministerio de Educación cuando Esperanza Aguirre era titular de la cartera en la primera legislatura de Aznar, apuntó tres desafíos que se presentan ahora en Europa sobre la cuestión. El primero, la aparición de fenómenos de intolerancia y de hostilidad hacia la religión, y especialmente a la religión cristiana, en el espacio europeo. El segundo, la necesidad de poner en marcha un diálogo franco, sereno y constructivo, con la participación de las religiones más significativas de Europa, sobre las encrucijadas éticas de nuestra sociedad. El tercero, la necesidad de combatir el “multiculturalismo”, que, en el fondo, traza un muro infranqueable entre las diversas culturas.

A su regreso a Madrid, hemos tenido una amplia conversación con Nasarre que transcurrió en los siguientes términos:

– ¿A qué viene esta preocupación en Francia por la laicidad cuando se viene aplicando desde la ley de 1905 que sancionó la separación del poder temporal civil y el espiritual? ¿Se trata solamente de un interés electoralista o hay algo más?

.- La preocupación tiene un solo nombre: el Islam. La sociedad francesa empieza a estar obsesionada sobre la creciente presencia del mundo islámico en su territorio. El componente demográfico de esta preocupación es esencial. Se calcula que alcanzan ya los seis millones los musulmanes en Francia, cerca del diez por ciento de la población total y el sesenta por ciento de la inmigración. La práctica de la religión musulmana se extiende por toda Francia. En Marsella ya es el 25 por 100 de la población. Empiezan a ser frecuentes los rezos en las calles en determinados barrios. Estos hechos ponen nerviosos a los franceses, que los consideran incompatibles con la “República laica”. Marine Le Pen ha puesto el asunto de nuevo como reclamo electoral y el partido mayoritario, la UPM, ha reaccionado por motivos en parte electorales y en parte intentando elaborar una respuesta de fondo ante una cuestión que causa desazón en buena parte de la sociedad francesa. Pero el debate, promovido por Sakorzy, me parece que no les ha salido bien, pues ha desencadenado una viva polémica en el seno de la mayoría gubernamental. Además, las propuestas planteadas en el “Pacto por la República” no son demasiado convincentes.

– Como observador directo de la reciente convención francesa sobre la laicidad y su aplicación en una sociedad donde cada día se hace más evidente la presencia islámica ¿qué resultados prácticos cree que va a tener el nuevo “pacto republicano” propuesto por Sarkozy?

– La razón que esgrimen los promotores del debate es que en el establecimiento de la “República laica” a comienzos del siglo pasado no había una presencia significativa del Islam en Francia. La idea es que las religiones entonces existentes en Francia, las confesiones cristianas y el judaísmo, han asumido ese modelo de República sin traumas. Ahora lo que se pretendería es integrar al Islam en tal “pacto republicano”. Pero veo en el planteamiento de ahora una especie de repliegue respecto a las propuestas que al comienzo de su mandato hizo Sarkozy en torno a la “laicidad positiva”, que a mí me resultaron muy interesantes y parecían prometedoras. Lo que parecía deducirse de la reflexión de Sarkozy era la necesidad de hacer una puesta al día de aquel “pacto republicano” de hace un siglo, basado en una concepción de la laicidad casi exclusivamente “negativa”, lo que implica una visión reductiva de la libertad religiosa, para caminar hacia una “laicidad positiva”, en la cual el papel de las religiones debería ser tenido más en cuenta. Es decir, Sarkozy parecía admitir las insuficiencias del “modelo laico” francés, a través de la experiencia histórica.

Tengo la impresión de que ahora hay una marcha atrás respecto a aquellos planteamientos de Sarkozy. Hay una posición más defensiva y de reafirmación de los principios originarios de la “República laica”. Por ello, las propuestas de carácter más práctico se orientan a intensificar los mecanismos, incluso coactivos, para la integración de la población musulmana en los parámetros tradicionales del modelo laico francés. En la Convención se proclamó con énfasis que los principios de la ley de 1905 eran irrenunciables e inamovibles. Esta es la razón por la que vea en ello un repliegue hacia las esencias del laicismo francés como única vía de integrar al mundo musulmán en Francia. Si esto es así, el prometedor discurso de la “laicidad positiva” acabará siendo una ocasión perdida.

– Algunos políticos, dentro y fuera de la mayoría presidencial creen que el rechazo hacia las manifestaciones públicas de signos religiosos, como es el “niqab” o el “burka” por parte de las mujeres musulmanas es fruto de la ignorancia religiosa, la incultura -dicho llanamente- de una sociedad que teme lo que no conoce. ¿Se extiende este fenómeno al conjunto de las religiones o solamente al Islam? ¿Puede extenderse el rechazo al burka a otro tipo de expresión pública de las convicciones religiosas de otras religiones, por ejemplo, la católica?

– A mí me parece que sería una falsedad afirmar que fenómenos como el del “niqab” o el “burka” se extiendan a otras confesiones religiosas con presencia significativa en el continente europeo. El cristianismo y el judaísmo han asumido –ciertamente, con hondura y sinceridad- el principio de libertad religiosa con todas sus implicaciones y también con todas sus limitaciones al servicio de una convivencia propia de las sociedades plurales. Pero, desde luego, hay un riesgo, cuya realidad estamos viviendo ya, y que me parece grave. Es el riesgo de “tratar a todos por igual”, de modo que para evitar los posibles “excesos” de unos se acabe impidiendo o cercenando la legítima expresión pública de las convicciones religiosas. Este riesgo significaría eliminar cualquier manifestación religiosa del espacio público. Sería el laicismo llevado al extremo. Debemos estar muy atentos, pues hay síntomas en Europa de que se está alentando este nuevo tipo de intolerancia religiosa.

Añadiré, para aclarar mi pensamiento, que estoy de acuerdo con una prohibición del “burka” y el “niquab” en la vida ordinaria del espacio público por razones de “orden público”. Yo no concibo que en el espacio público de nuestra civilización las mujeres, o los hombres, puedan ir con el rostro absolutamente tapado. Las expresiones religiosas, como cualquier otro tipo de expresiones, tienen sus límites. En eso consiste el ejercicio real de las libertades.

– ¿Cual es la postura de la Iglesia católica francesa y de otras representaciones religiosas en este debate? Ya han empezado las detenciones en Paris de mujeres que portaban el “niqab”

– Observé una actitud de cautela y de prevención a los representantes de la Iglesia católica en Francia. Yo creo que perciben con claridad los riesgos que he apuntado antes. Y temen que los nuevos planteamientos se traduzcan en un exceso de “reglamentariismo” y de intervencionismo del Estado que limite elementos esenciales de la libertad religiosa. La Iglesia católica no reclama otra cosa que poder ejercer sin cortapisas la libertad religiosa propia de una sociedad democrática y, asimismo, poder participar, como sujeto con personalidad propia, en los debates que afectan a las encrucijadas éticas que hoy se plantean a la humanidad.

-¿Qué puede ocurrir a partir de ahora?

.- No lo sé. Pero creo que el poder político está dispuesto a aplicar la ley y que, en este caso, tiene el respaldo de la mayoría de la sociedad francesa.

¿Ve algunas similitudes entre la posición francesa y las tendencias que se observan en España desde que Zapatero ocupa La Moncloa?

– Lo que formó parte del proyecto de Zapatero, sin duda, fue intentar una mutación de nuestro modelo constitucional en materia religiosa para imponer el “modelo laicista” de la III República francesa. Tal propósito ha sido parte esencial del “proyecto de Zapatero” sobre el que dio pasos relevantes en su primera legislatura. Ese proyecto tenía su punto culminante en la non nata ley de libertad religiosa, que, de haberse aprobado, habría significado un cambio sustancial, por la puerta falsa, de los parámetros constitucionales en materia religiosa. Las cosas se le han torcido a Zapatero en su segunda legislatura y ello le forzó a renunciar a su proyecto de ley. Acaso, cuando adoptó esa decisión, pensaba en unas condiciones más favorables en una tercera legislatura. Pero esa tercera legislatura ya no será bajo la égida de Zapatero.

Muchas gracias, Eugenio… Y esperemos que así ocurra.