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Manuel Amezcua, Consiliario de la Federación de Cofradías de Guadix: «En Semana Santa se crea un ambiente único que exige ser vivido y experimentado»

Con la llegada de la primavera, como cada año, Guadix se viste de gala para vivir la Pasión y Resurrección del Señor y es que la Semana Santa de esta ciudad granadina posee personalidad propia, tiene unos rasgos específicos y singulares, gracias a la propia idiosincrasia de su tierra y de sus gentes, su paisaje, su entorno, y la pervivencia del alma accitana forjada en la Edad Media y reforzada en los albores de la Edad Moderna.

Manuel Amezcua, sacerdote y Consiliario de la Federación de Cofradías de Guadix, ha conversado con Análisis Digital acerca de cómo viven la Semana Santa los accitanos y ha explicado que en Guadix, sólo veinte mil habitantes dan cuerpo a 17 cofradías con 24 pasos, de muy alto valor devocional y artístico, en esta población hay una enorme densidad cofrade que genera unas vinculaciones familiares fortísimas y llenas de amistad.


¿Entienden bien los fieles la Liturgia de Semana Santa? ¿Van acompañados los ritos de una catequesis adecuada para hacerlos entender?

Naturalmente, donde los ritos estén acompañados de una honda catequesis, serán mucho más comprensibles y capaces de evocar las grandes vivencias de la Semana Santa. Con todo, la Pascua cristiana es bastante clara y diáfana en sus celebraciones, que se entienden por si mismas; tal es el caso del lavatorio de los pies del jueves, la celebración de la cruz del viernes o el lucernario de la Vigilia pascual cuya simbología es tan directa. Ello no obta para que los procesos catequéticos deban incluir explicaciones a cerca de las hermosas verdades que la liturgia manifiesta y celebra.


¿Qué tiene de especial la Semana Santa de Guadix en relación con la de las ciudades andaluzas?

Guadix es, al decir de Unamuno, una cuidad episcopal, o sea, presidida por el obispado y la catedral, como instituciones señeras de la propia identidad cívica. Por ello, todo gira en la Semana Mayor en torno a la gran torre de la catedral. Además, sólo veinte mil habitantes dan cuerpo a 17 cofradías con 24 pasos, de muy alto valor devocional y artístico. Esta enorme densidad cofrade genera unas vinculaciones familiares fortísimas, tan llenas de amistad como de emulación y, a veces, hasta una cierta competencia, aunque hay que decir que todos los cofrades se alegran de los logros ajenos y hasta los admiran con sinceridad. Es fácil comprender que en una ciudad de este tamaño no son pocos los que pertenecen a varias hermandades. Es clásico que todos lleven en Navidad la lotería de todos, no sólo por si toca, sino también por colaborar unos con otros.

Singularmente, lo más especial es el propio paisaje de nuestro entorno: las cuevas, el barrio latino, las estrechas calles, repletas de palacios e iglesias y conventos, el propio discurrir por una carrera oficial que rodea la catedral y celebra en su pórtico principal las estaciones de penitencia… todo colabora para la creación de un ambiente único que exige ser vivido y experimentado. Eso si, cada hermandad es diferente y se ambienta en la infancia, la severa seriedad silenciosa o la música de un desfile triunfal, según los casos. Uno de los desfiles más originalmente autóctonos es el del Señor de la Misericordia del lunes santo: las cuevas, la alcazaba árabe iluminada por antorchas en cada almena o el descenso de la cuesta de Santiago, con cientos de vengalas y el gran palacio de Peñaflor al fondo, configuran un severísimo y silencioso desfile verdaderamente único.


¿El fervor popular es también reflejo de una fe más viva e interior o por el contrario la Semana Santa se presta más a una expresión de sentimientos que de convicciones?

Como fuere que tanto los sentimientos como las convicciones nacen de nuestro interior, no parace fácil contraponerlos. Indudablemente el componente afectivo de la piedad popular es mayor que el racional, pero no por ello resulta menos fecundo. El verdadero logro sería que tanto las convicciones como los sentimiento fueran coherentes con los misterios de la fe que celebramos: hay que morir al pecado y resucitar a la vida de la Gracia. Sin esta experiencia interior y honda, la muerte y resurección del Señor se quedan en simple recuerdo, cuando han de ser una actualización completa de la Pascua, muriendo y resucitando con Cristo.


¿Cómo se vive la Semana Santa después de Semana Santa?

Acaso el tiempo pascual es el más importante del año litúgico: cincuenta días de fiesta para ahondar en la significación de la nueva vida que el Padre nos regala para vivir el triunfo del Hijo, y que el Espíritu Santo lleva en nosotros a su plenitud. Todo ello es de tal grandeza, belleza y hermosura, que bien merece nuestro agradecimiento.


¿Cómo vive usted personalmente la Semana Santa?

Públicamente, por párroco y por director del Secetariado cofrade, con muchos compromisos litúrgicos y procesionales. Privadamente, con infinta gratitud. Mi semana santa es un detalle de la cortesía de Dios para conmigo, por mi familia, mi Iglesia y mis amistades. Son unos días repletos de belleza, de hondura espiritual y de experiencias evocadoras del pasado, puesto que mis padres fueron muy cristianos y cofrades, sin diferencia ni distinción entre devoción y compromiso; en el presente la semana mayor me exige entrega y capacidad de servicio y para el futuro me anuncia la vida eterna; ¡qué más quiero!.

¿Qué aporta la Semana Santa granadina al afianzamiento de las convicciones de los fieles? ¿Entienden bien la Liturgia de Semana Santa?

Sinceramente creo que, como todas, la Semana Santa de Granada cumple su misión catequista al recordar a los fieles que Cristo padeció y murió por la redención del ser humano, algo que, si no se entiende muy bien, resulta palpable en las imágenes que representan a Jesús durante su aterradora Pasión y a María constantemente desolada por el padecimiento de su hijo. A quienes sienten sólidas sus convicciones, en este sentido no cabe la menor duda de que se les remueve algo en el interior y eso les viene muy bien, ya que a veces nos relajamos demasiado en nuestra responsabilidad como creyentes. Y a aquellos que no creen tanto o ni siquiera creen, por lo menos les hace reflexionar, salvo que se trate de irresponsables. La Semana Santa a través de las procesiones es arte, es cultura, tiene mucho de espectáculo; pero no podemos, ni debemos, olvidar que por encima de todo lo demás se trata de un mensaje de contenido cien por ciento religioso que no es posible, ni sería lícito, separar de los otros conceptos.

Si se entiende bien la liturgia de la Semana Santa es algo que queda para el interior de cada persona. Aunque resulta evidente que en Andalucía se vive este tiempo, más que en el interior de los templos, en la calle, junto a las hermandades y las cofradías, siguiendo o acompañando a las imágenes. Y eso influye a la hora de valorar la puesta en escena.

¿Se percibe algún síntoma de rechazo por parte de la cada día más numerosa población islámica?

En principio me atrevería a decir que no, aunque ha habido algún conato aislado y poco relevante, cercenado de manera rápida sin que tuviera que intervenir siquiera la fuerza pública. La población islámica, al menos hasta donde yo conozco, es en principio respetuosa con esta tradición nuestra tan arraigada; sabe que nada puede hacer, de momento, para influir negativamente. Y yo confío en que seguirá así mucho tiempo.

 ¿Ofrecen las procesiones y la liturgia de Semana Santa una ocasión para profundizar en la catequesis de adultos?

Indudablemente, pero repito que en Andalucía mucho más las procesiones que la liturgia. Las estaciones de penitencia son una catequesis ambulante que llama poderosamente la atención, inicia a los niños y sobrecoge a los mayores. Es muy difícil no sentir algo ante una imagen tan expresiva como un crucificado, un nazareno o Cristo flagelado; y ese sentimiento deriva casi siempre en piedad, devoción y, en definitiva, afianzamiento de la fe.

¿Cómo vive usted personalmente la Semana Santa?

De muy distinta manera a lo largo de estos últimos años pues siempre he estado vinculado a medios de comunicación y lo mismo he escrito en prensa que he retransmitido para radio o televisión local. Ahora, desde hace un par de años, me dedico más a mostrar las imágenes a mis nietos, explicándoles lo que significan, por qué ocurrió aquello, quiénes son los protagonistas; a veces vamos a los templos antes de que salgan las hermandades, otras las esperamos en la acera… en fin, lo que hace un abuelo que, gracias a Dios, todavía está suficientemente joven como para permanecer muchas horas en la calle acompañando a niños pequeños, con lo que eso significa.

Sin embargo, desde siempre, he vivido con mucha más intensidad la Cuaresma por mi condición de pregonero de Semana Santa, presentador de carteles, tertuliano, cofrade… eso me ha dado oportunidad de conocer muy de cerca de cientos de hombres y mujeres de la Semana Santa de toda Andalucía, una experiencia que no podré olvidar nunca ni tampoco quiero hacerlo, desde luego.