La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Se teme que la prohibición del velo integral en los lugares públicos de Francia suponga echar más aceite al fuego del extremismo

Manuel Cruz

La policía francesa empezó ayer a detener a las mujeres musulmanas que llevaban velo integral, en el primer día de la entrada en vigor de la ley que prohibe este tipo de prenda “ burka” y “niqab” concretamente sitien se ha dado un caso de detención ade una joven que portaba “hiyab”, es decir, el pañuelo que solo cubre la cabeza.  Las detenciones se efectuaron delante de la catedral de Notre Dame, en el centro de París y
en la estación de tren de Avignon, cuando iba a una entrevista de televisión sobre la prohibición. «Es un atentado contra mis derechos europeos, mi libertad de ir y venir y mi libertad religiosa», afirmó esta última detenida que ahora se enfrenta a una multa de 150 euros o un curso de ciudadanía obligatoria.

Algunas de las detenciones se produjeron en el transcurso de una manifestación en contra de la prohibición del uso del velo integral en lugares públicos en Francia, medida que entró en vigor ayer lunes. La manifestación había sido convocada por la asociación “No toque mi constitución” y reunió a un número indeterminado de personas delante de la catedral, lugar al que acudieron numerosos periodistas y donde había, como es habitual, muchos turistas.

Un portavoz policial aseguró que los arrestos no se produjeron por la vestimenta de las mujeres -el niqab deja ver los ojos y está afectado por la prohibición, pero el hiyab deja libre el rostro- sino porque no habían pedido permiso para manifestarse. Por su parte, la asociación convocante aseguró que había solicitado los permisos necesarios, pero que la Prefectura se los había denegado e invocó para ello la entrada en vigor de la ley.

Multas y cursillos para las infractoras
La prohibición del velo integral que cubre todo el rostro en cualquier espacio público, incluida la calle, comienza a aplicarse en todo el país, en virtud de una ley que impone multas y cursillos de ciudadanía para las infractoras, y penas de cárcel para quienes les obliguen a llevarlo. La ley adoptada definitivamente el pasado mes de octubre sin apenas oposición parlamentaria, pero tras un debate ampliamente mediatizado, había fijado un periodo de seis meses antes del comienzo de la aplicación de las sanciones.
Formalmente, su objetivo es impedir que cualquier persona vaya con el rostro escondido en los espacios públicos -la calle, pero también edificios administrativos, comercios, restaurantes, salas de espectáculos, centros escolares o al volante de un vehículo-, pero la voluntad del legislador era proscribir el “burka” y el “niqab”. Llevar esas vestimentas podrá ser objeto de una multa de 150 euros y/o un curso de ciudadanía, pero sobre todo la idea es castigar mucho más severamente (con penas de cárcel de hasta dos años y multas de 60.000 euros) a quien obligue a una mujer a ponérselas.
La aplicación de la ley ha sido objeto de una circular enviada a todo los policías franceses en la que se explica como actuar. Por ejemplo, los agentes no pueden levantar el velo de la mujer infractora, solo pedírselo para que muestre su identidad; en casoi de rechazo se aplica la sanción correspondiente. Para los sindicatos policiales, se trata de unas medidas demasiado complicadas para poder aplicarlas e, incluso, imposibles en los barrios donde reside una nutrida comunidad islámica. Por otra parte es tal el volumen de delitos que se cometen cada día que la Policía no va a poder dedicarse a perseguir mujeres con “burka”… “La mayoría de los compañeros creen que todo esto es completamente redículo…” dice uno de los dirigentes sindicales. “No podemos perder el tiempo con este tipo de infracciones cuando nos faltan efectivos para mantener la seguridad en el país, sobre todo porque ahora son de temer continuas provocaciones por parte de las mujeres musulmanas, lo cual nos va a obligar a cerrar los ojos…”. Otro alto cargo afirma que el procedimiento legislado no es precisamente el más adecuado para luchar contra el extremismo religioso; muy al contrario, se teme que la nueva ley arroje más aceite al fuego del fanatismo