La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Mítines y realidad

Lejos de invitar a una reflexión serena sobre la forma de afrontar los problemas de España, los mítines políticos se han convertido en una especie de concurso de insultos al contrario, adobado con chistes y ocurrencias. Como en todo espectáculo, se trata de entretener al personal cuyo voto favorable se da por descontado, para que después lo cuenten los medios de comunicación según sus tendencias, y suscitar en el adversario una respuesta que alimente la polémica electoral. En este juego parece que todo está permitido, porque según la conocida “doctrina Zapatero”, lo que importa es llevar la tensión a la sociedad.

La estrategia elegida por el agonizante Gobierno es acusar a la oposición de no haberle ayudado en su gestión de la crisis económica. De esta forma un Zapatero lastrado por su nefasta gestión política, se permite acudir a los mítines como si fuese la víctima del Partido Popular. En este arte de disfrazar la realidad no tiene cabida un debate serio sobre los problemas que preocupan a los españoles, desde el paro a la crisis educativa pasando por la destrucción del tejido ético que tanto ha contribuido al deterioro de la convivencia social.

La tentación de sacar a pasear al doberman y al fantasma de la extrema derecha es muy alta. Es un viejo truco que en tiempos le ha funcionado a la izquierda, pero ahora el deterioro de la confianza es tan grande, que intentarlo sería un desprecio a la inteligencia y al deseo de regeneración de la sociedad española.