La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Passio Christi, passio homini

 

Revista Ecclesia
Jesús de las Heras Muelas
24/05/10

Tras seis semanas expuesta y dos millones doscientas mil visitas,

la “Síndone” no volverá a mostrase públicamente hasta 2020

Una aproximación a la Sabana Santa de Turín a luz

de las enseñanzas de Juan Pablo II y de Benedicto XVI

En la catedral de Turín, la capital del Piamonte italiano y la cuarta ciudad de país trasalpino, se conserva la más venerable y quizás más polémica –por su trascendencia y devenir histórico- de la reliquias del cristianismo: la Sábana Santa, la «Síndone» (del griego ‘sindon’, mortaja), la tela donde pudo estar envuelto el Señor tras su crucifixión y muerte y de donde pudo resucitar gloriosamente dejando impresa para siempre su faz, «imagen del sufrimiento y del amor de Dios».

Desde el domingo 23 de mayo, la “Síndone” vuelve a permanecer oculta tras seis semanas en las que fue venerada por dos millones de peregrinos. Hasta 2.113.128 personas, el 90% italianos, han pasado por la catedral de Turín para poder observar la tan venerada reliquia. Tras una misa celebrada por el arzobispo de Turín, cardenal Severino Poletto, la tela santa ha vuelto a ocultarse en el cofre que desde 1998 la conserva tras la tribuna real de la catedral. Según Poletto, la reliquia no puede estar expuesta siempre porque «transformaría en una rutina un evento extraordinario». En principio, la próxima ostensión será en la primavera de 2020

Un impresionante lienzo de más de cuatro metros

La tela fue restaurada en 2002, cuando se le quitaron los parches que le habían colocado dos monjas clarisas de Chambéry, Francia, después de que algunos trozos resultasen quemados por un incendio.

La Sábana Santa ha sido amenazada tres veces por el fuego, en 1200, en 1532 y el último en 1997, cuando estalló un incendio en la capilla, donde hasta entonces permanecía custodiada.

Entre los últimos peregrinos que pasaron por la catedral turinesa estuvo Cherie Blair, la mujer del ex primer ministro británico Tony Blair. «Es una imagen que evoca sufrimiento y redención», dijo tras observar el lienzo, que mide 4,39 metros de largo y 1,15 de ancho.

La polémica está servida

Sin embargo, como ya decíamos, la polémica no está ausente, ni mucho menos, de una reliquia tan venerada y tan singular, máxime cuando en 1988 un estudio científico de la NASA afirmó que la datación del lienzo, tras aplicarle la casi infalible prueba del Carbono 14, se sitúa entre 1260 y 1390. Dicho estudio después fue puesto en “cuarentena” por los mismos científicos que lo realizaron.

La misma historia del lienzo está llena de páginas de misterio, de sucesos extraordinarios, de «cabos sueltos» a la ciencia, que, unidos a la excepcional imagen que la Sábana muestra son, con palabras del Papa Juan Pablo II, «una provocación a la inteligencia humana».

Cuenta la historia de la «Síndone» que en el siglo I se narraba ya que el manto que envolvió a Jesús en su enterramiento había sido recogido y custodiado por los primeros cristianos, como no podía ser de otra manera. En el año 525 el lienzo, sobre el en los cuatro siglos precedentes nada se había dicho, aparece en Edesa – actual Turquía – y empieza a ser venerado como el Sudario de Jesucristo. Después es trasladado a Constantinopla – hoy, Estambul -, donde es muy venerado y de donde desaparece en el siglo XII. Según diversos historiadores, ante el peligro turco y musulmán y el cisma de oriente, el lienzo fue llevado a Francia por los Templarios. En 1578, la tela es traslada de nuevo, siempre en tierras de Saboya: desde Chambery a Turín.

Las pruebas para demostrar, si de verdad envolvió el cuerpo de Cristo, comenzaron en 1898, después de que un fotógrafo turinés hiciera una foto al lienzo y en el momento del revelado se diera cuenta de que las imágenes negativas representan el cuerpo y la cara de un hombre crucificado en el modo en que contaban los Evangelios.

En 1978, 1998 y 2000

Entre el 18 de abril y el 14 de junio de 1998 más de dos millones de personas han acudido hasta la Catedral turinesa para venerar la Sábana Santa, que se exponía a los fieles tras permanecer veinte años guardada y tras librarse hace un año de un devorador fuego. Hasta por internet ha podido seguirse la presente ostensión de la «Síndone». Un Congreso internacional de Sindología puso el broche de oro a la millonaria ostensión.

Entre el 26 de agosto y el 25 de octubre del año 2000, el año del Gran Jubileo, la «Síndone» volvió a exhibirse, de manera extraordinaria con motivo del Jubileo. La anterior ostensión de la Sábana Santa tuvo lugar en 1978, con motivo del 400 aniversario de la llegada del lienzo a Turín, donde se conservaba en el corazón de una bella capilla barroca, obra Guarino Guarini, arquitecto y religioso teatino.

Juan Pablo II visitó tres veces la Sábana Santa

Uno de esos más de dos millones de peregrinos de 1998 fue el Papa Juan Pablo II, quien, el 24 de mayo de 1998, en el transcurso de una visita pastoral a Vercelli y a Turín, se postró ante el lienzo, oró largamente y pronunció una bellísima homilía.

Esta era la tercera ocasión en que Juan Pablo II visitaba la Sábana Santa de Turín. Curiosamente, la primera fue a finales de agosto de 1978, en los días previos a la solemne ceremonia de inicio de pontificado de Juan Pablo I, en cuya elección había intervenido como el cardenal Karol Wojtyla y a quien mes y medio después sucedería con el nombre de Juan Pablo II.

«La Síndone es espejo del Evangelio»

Sin entrar ahora en la polémica acerca de la historicidad de la Sábana Santa, el Papa Juan Pablo II, en su visita del 24 de mayo de 1998, afirmaba que «como no es materia de fe, la Iglesia carece de competencia específica para pronunciarse sobre estas cuestiones», confiando a los científicos «la tarea de continuar indagando para obtener respuestas adecuadas a las preguntas relativas a esta Sábana», tan venerable.

Tampoco desde estas líneas queremos abundar en las razones en pro o en contra de la autenticidad e historicidad de la Sábana Santa. Preferimos, como hizo el Papa, contemplar la Sábana y sobrecogernos ante esta «imagen del sufrimiento y del amor de Dios», ante este «espejo del Evangelio», ante este icono del crucificado, ya que «la imagen presente en ella guarda una relación tan profunda con lo que narran los Evangelios sobre la pasión y muerte de Jesús, que todo hombre sensible se siente interiormente sobrecogido al contemplarla».

Sufrimiento, Amor y Silencio

«En la Síndone – es Juan Pablo II quien habla, de nuevo – se refleja la imagen del sufrimiento humano. La huella del cuerpo martirizado del crucificado, testimoniando la tremenda capacidad del hombre para procurar dolor y muerte a sus semejantes, se presenta como signo del sufrimiento del inocente», evocando el Papa, a renglón seguido, a los millones de personas crucificadas.

«La Síndone – prosiguió Juan Pablo II – es igualmente imagen de Dios y del pecado del hombre… La Síndone es también imagen de la impotencia», la impotencia de la muerte, a la que el Hijo del Hombre, por amor redentor, quiso someterse.

Por fin, el tan venerado lienzo es «imagen del silencio». Del silencio de la incomunicabilidad y del silencio de la fecundidad, «el silencio valeroso y fecundo de la superación de lo efímero gracias a la inmersión total en el eterno presente de Dios… Nuestro tiempo – concluía el Papa – tiene necesidad de redescubrir la fecundidad del silencio para superar la dispersión de los sonidos, de las imágenes y de las charlas que demasiado a menudo impiden oír la voz de Dios». La Sábana Santa nos habla y nos interpela, así, desde su misterio y su elocuente silencio.

La Sabana Santa según Benedicto XVI

La “Síndone”, como queda dicho, ha vuelto a exponer en la catedral turinesa. Ha sido del 11 de abril al 23 de mayo. Su visitante más ilustre fue el Papa Benedicto XVI. Fue en la tarde del domingo 2 de mayo. Su meditación ante la Sábana Santa, “lienzo pintado con sangre”, fue bellísima. “En ella vemos, como reflejados, nuestros padecimientos en los sufrimientos de Cristo: “Passio Christi. Passio hominis”. Precisamente por eso, ella es un signo de esperanza: Cristo ha afrontado la cruz para poner un dique al mal; para hacernos ver, en su Pascua, la anticipación de aquel momento en el que también para nosotros, toda lágrima será enjugada y no habrá más muerte, ni luto, ni lamento, ni afanes”.

Más adelante afirmó “después de dos guerras mundiales, los campos de concentración y los gulags; Hiroshima y Nagasaki, nuestra época se ha convertido cada vez en mayor medida en un Sábado Santo”, en el sentido de que la oscuridad de este día interpela a todos los que se interrogan sobre la vida, y de forma especial a nosotros creyentes. “También nosotros tenemos que ver con esta oscuridad”.

“Esconder a Dios –alertó- forma parte de la espiritualidad del hombre contemporáneo, de forma existencia, casi inconsciente, como un vacío en el corazón que ha ido agrandándose cada vez más”.

A pesar de esta oscuridad y este gran silencio, el Santo Padre ha señalado un aspecto opuesto, totalmente positivo, fuente de consolación y esperanza. De hecho el Papa ha manifestado que la Sabana Santa se comporta como un documento fotográfico, con un positivo y un negativo, que hace “el misterio más oscuro de la fe y al mismo tiempo la señal más luminosa de una esperanza que no tiene límites”.

El icono del Sábado Santo

“El Sábado Santo es la tierra de nadie entre la muerte y la resurrección, pero en esta tierra de nadie, ha entrado Uno, el único, que la ha atravesado con las señales de su Pasión por el hombre: Passio Christi. Passio hominis. Y la Sábana Santa nos habla exactamente de aquel momento, testimonia precisamente ese intervalo único e irrepetible de la historia de la humanidad y del universo, en el que Dios ha compartido nuestro morir y nuestra permanencia en la muerte. La solidaridad más radical”.

“Dios, hecho hombre, ha llegado al extremo de entrar en la soledad extrema y absoluta del hombre, donde no alcanza ningún rayo de amor, donde reina el abandono total sin palabra alguna de afecto: el infierno. Todos hemos experimentado alguna vez una sensación espantosa de abandono, y lo que más miedo da de la muerte es precisamente esto. Como los niños tenemos miedo de estar solos y la sola presencia de alguien que nos ame nos conforta. Es esto lo que ocurrió el Sábado Santo: en el reino de la muerte resonó la voz de Dios. Y sucedió lo impensable: el Amor penetró en los infiernos: también en la oscuridad extrema de la soledad humana más absoluta podemos escuchar una voz que nos llama y encontrar una mano que nos conduce fuera”.