La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La unidad de la Iglesia

ABC
Jesús Higueras
23/04/10

Al terminar el tiempo de Pascua, la Iglesia celebra la fiesta de Pentecostés, es decir, la llegada del Espíritu Santo, que distribuye los carismas y los dones entre los discípulos de Jesús para que anuncien en diferentes lenguas las maravillas de Dios. Este milagro no ha dejado de producirse a lo largo de los siglos y se ha manifestado en la riqueza de instituciones y realidades eclesiales que desde el principio han fecundado la vida de fe, como es la vida monástica, pasando por las diferentes órdenes religiosas hasta los diferentes movimientos que hoy en día vitalizan a la Iglesia.

No debemos olvidar que esta pluralidad es una fuente de continua riqueza para todos los creyentes, pues cada carisma es un don del Espíritu Santo que da vida a todo el Cuerpo Místico de Cristo. Sería un terrible error pensar que cada grupo eclesial debe preocuparse de sí mismo y olvidar que existe la Comunión de los Santos por la que nos ayudamos mutuamente. Esto nos debe llevar a considerar la importancia que tiene en la Iglesia el don de la unidad. De ahí la importancia de vivir en comunión con el Papa y el obispo diocesano, pues sólo ellos son los legítimos pastores que nos garantizan la plena comunión con el resto de los fieles y con Cristo. Son tiempos de ser especialmente sensibles y obedientes a las palabras que nuestros pastores, los obispos, nos proponen para vivir con más fuerza el Evangelio, pues una Iglesia dividida en su interior por facciones o «líneas eclesiales» está condenada a la esterilidad y a la ineficacia.

La señal inequívoca de que Cristo está con nosotros es que en nuestra parroquia o en nuestro grupo eclesial se ama y se obedece al Papa y al obispo diocesano.