La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El tiro por la culata

Estamos asistiendo a una lapidación brutal contra la Iglesia Católica. No es nuevo que quienes odian, babeen con una bien orquestada técnica de abuso de poder y empleen la palabra como instrumento de malicia. Mentiras calumniosas, insultos, sospechar de todos por unos pocos.

La Iglesia, como madre que es, corrige con fortaleza los pecados de sus hijos pero como cualquier madre no los airea ni los denuncia. Los calla y pone todos los medios –drásticos también– para evitarlo en el futuro, pero lo hace de tejas abajo. Porque ¿qué madre lleva a su hijo a los tribunales? Pues aunque eso pueda darse alguna vez en la sociedad civil no es así con la Iglesia que porta la lógica de Dios. Esto no quita que den cuenta ante la justicia de sus delitos si ésta demuestra tener pruebas. En tanto, in dubio pro reo. En la duda, siempre a favor del reo.

Es una muestra de inmadurez o de sectarismo ver como algunos medios hacen una enmienda a la totalidad por que se encuentren algunas personas de Iglesia que se han comportado vilmente. La inmensa mayoría de los ministros de la Iglesia, rozando el 99% están limpias de toda esa suciedad de la que se les acusa. Hay que conseguir el cien por cien, también es verdad. En ello estaremos siempre como meta a conseguir pero el riesgo de la libertad hace que sea siempre una meta asintótica.

Cuando se leen las injurias de algunos medios de comunicación donde la mugre les invade a ellos se comprende que muchos se enciendan. Aplauden y promueven la homosexualidad, el lesbianismo, la lujuria, la infidelidad, la corrupción, el descreimiento, etc., como bote de humo a sus comportamientos personales y cargan después contra quienes viven la virtud de la que ellos carecen con ácidas reacciones. Es hasta cierto punto una garantía de ir por buen camino. Mala cosa sería que esa gentuza alabase a la Iglesia. No obstante hay que salir a la palestra en defensa de la verdad y decirles que son unos embusteros. La realidad de la santidad de la mayoría de los sacerdotes, empezando por el Papa, les trae al pairo. Lo importante es vender más que la competencia para luego proclamarlo a los cuatro vientos. Pasa como después de las elecciones: que todos han ganado lectores o votantes.

¿Y saben que conseguirán? Lo contrario de lo que profetizan. Una vez más ha quedado demostrado que no se puede engañar siempre a todos, tan solo por un tiempo a unos pocos y en raras ocasiones a bastantes. Pero más tarde o más temprano emerge la verdad.

Juan Pablo II es un santo que ha actuado santamente aunque algunos le hayan engañado por un tiempo. Juan Pablo II es un santo que ha actuado santamente con gran prudencia y fortaleza corrigiendo cuando ha tenido conocimiento de los males que sucedían. Juan Pablo II es un santo que como ningún otro Papa ha viajado, ha ido a pie de obra para ver y tocar la realidad eclesial. Juan Pablo II es un santo que como ningún otro Papa ha enseñado de palabra y por escrito a millones de hombres y mujeres del mundo entero la Verdad de Cristo. Juan Pablo II es un santo que como ningún otro Papa ha canonizado y beatificado a millares de hombres y mujeres que han dejado la vida por los demás, etc. Y esto es lo que no soportan, lo que les molesta. Que se ha ido y ha pasado el testigo a otro semejante a él, Benedicto XVI, y le quieren hacer chantaje.

No se trata de hacer aquí un elenco de su magna labor pastoral rematada con su ejemplo ante el dolor, la enfermedad, la vejez y la muerte de la que hemos sido testigos y por la que el mundo entero gritaba el día de su muerte, y sigue gritando: “¡santo súbito!”. Ante estos injustos ataques la Iglesia acelerará con la prudencia que le es propia la beatificación. Es más, si no es en octubre es sobre todo por delicadeza con la ciudad de Roma a la que acudirán millones de personas y exige una logística minuciosa, muy estudiada.

Si espontáneamente fueron varios millones a la ciudad eterna al fallecer, ¿qué no harán por ir de todo el mundo a su beatificación? Crear sospechas e incertidumbres sobre el milagro elegido entre más de 200 en su haber o sobre sus colaboradores cercanos que cómo él pueden ser engañados precisamente porque confían en la buena voluntad de los demás o les dan siempre el beneficio de la duda, es claramente injusto.

Tengo para mí que les va a salir el tiro por la culata. No me extrañaría nada que cuando se cansen de molestar y vean la paz del Papa y que hace oídos sordos a sus exabruptos anunciará en voz baja la fecha de beatificación de Juan Pablo II con el aplauso mundial de todos los hombres de buena voluntad. Entonces arreciarán las pataletas tan propias del fracaso diabólico.

Mañana, día 18 de mayo, aniversario del nacimiento del gran Juan Pablo II, rezaremos para que interceda por sus denigradores y no les tenga Dios en cuenta sus pecados .

Pedro Beteta López
Doctor en Teología y Bioquímica